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Voyeur animal
Fecha: 30/04/2026, Categorías: Gays Autor: ShadowAnkley, Fuente: TodoRelatos
... su polla está empezando a tomar forma y consistencia. Permito que mi mano traspase el elástico del pijama y agarro la mía que, sin mostrarse aún del todo erecta, hace mucho que dejó de estar flácida: me excita una barbaridad este papel de voyeur nocturno con mi joven vecino. Me la descapullo con suavidad, sin apartar ni un segundo los ojos de la ventana del edificio de enfrente. Mi chico se recoloca, abriendo aún más las piernas sobre la cama, y sospecho que sube ligeramente el volumen de su teléfono porque el siguiente gemido de la puta del vídeo me llega más nítido que todos los anteriores. A mí me la pela. Incluso, diría, llega a molestarme. Si no puedo escucharle a él, elijo mil veces el silencio antes que los chillidos impostados de una cualquiera. Me paso la palma por el glande, recogiendo la humedad que lo pringa todo y muevo el puño a lo largo del tronco. La mezcla del precum y el sudor que se ha acumulado en mis cojones hace que la mano se deslice con una facilidad deliciosa. Fuera de mi cuarto, en el bloque contiguo, el brazo tallado en mármol de mi chico tampoco se detiene. Muy por el contrario, empieza a coger ritmo. La débil luz azul de la pantalla del teléfono es más que suficiente para mí que, desde donde estoy, puedo ver el brillo de la piel empapada en sudor. En la cama contra mi espalda, la bajera también se cala en un santiamén, tal es el calor que hace. Me la meneo suavemente. Mi pulgar enreda con el glande sin que yo me dé cuenta apenas y envía ...
... pulsaciones de placer a mi cerebro que casi hacen que quiera cerrar los ojos. Pero no lo hago. Tras varias semanas intentando racionalizar estas noches asfixiantes de pajas compartidas a medias, tengo claro que mi polla no es más que un medio para canalizar una excitación poderosísima que me entra por los ojos y se me asienta en las tripas, así que no quiero perderme ni un segundo. Si fuera viernes o sábado o algún día festivo quizá tendría menos ansia, porque en esas noches en las que se presupone que al día siguiente no hay que madrugar, mi niño se recrea y la paja puede llegar a alargarse treinta o cuarenta minutos de reloj y ese sí que es un espectáculo. Sin embargo, a diario la cosa es mucho más rutinaria, una simple descarga antes de dormir. Dos, tres o cuatro minutos como mucho (nunca llega a cinco) de los que yo disfruto prácticamente sin parpadear. No debe de quedarle mucho. Se espatarra todavía más, mi niño, y se seca la frente con el dorso de la mano con la que sujeta el móvil. En el breve instante en que el teléfono apunta directamente hacia mi ventana, hacia mi cama y hacia mí y parece que las tetas de la actriz porno van a desbordarse por la pantalla, me quedo paralizado y el rabo me pega un latigazo que me obliga a apretar los dientes para que mi niño no me escuche gemir como un jabalí. Me aterra la idea de que me vea, de que encuentre la chispa de mis ojos observándolo desde la oscuridad, y al mismo tiempo me da un morbo que no puedo aguantar. A punto ...