1. One shot: en cuarentena con mamá


    Fecha: 05/05/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos

    One shot 6
    
    En cuarentena con mamá
    
    La pandemia al principio había sido algo extraña. Nadie sabía hasta dónde llegaría todo. Yo, por mi parte, estaba contento de no tener que ir a la escuela. No tenía idea de los efectos que iba a tener en la sociedad. Pero en mí tendría un efecto mucho mayor que en la mayoría de las personas.
    
    Vivía solo con mamá. Y esa convivencia fue llevada al sentido más literal de la palabra gracias al Covid19. Compartía los días, las noches, las rutinas y hasta los silencios con ella. Desde que empezó la cuarentena estricta, su presencia lo ocupaba todo.
    
    Mamá era… no sé. Difícil de describir sin caer en exageraciones, sin que pareciera una fantasía. Tenía 36 años, pero parecía de menos. Había entrenado toda su vida. Se notaba. Tenía un cuerpo fuerte, marcado, pero sin perder nada de esa sensualidad femenina que hacía que los hombres se volvieran adictos a ella.
    
    Las piernas largas, musculosas pero suaves; los brazos torneados, la espalda definida. Y después estaba todo lo demás… el cuerpo lleno de curvas exageradas en todos los lugares que un pibe como yo no podía evitar mirar.
    
    Claro, se suponía que justamente yo no debía mirarla, pero era imposible.
    
    El culo de mamá era casi legendario dentro de mi cabeza. Macizo, redondo, alto. No importaba qué short o qué calza se pusiera —que, por cierto, siempre eran de las que te dejan pensando en cualquier cosa menos en la cuarentena—, siempre parecía dibujado a mano. Y las tetas… bueno, eso ...
    ... directamente escapaba a cualquier lógica. Tetas grandes, de esas que solo se ven en una película porno. A veces yo mismo la escuchaba maldecir cuando se ponía corpiños deportivos o tops para entrenar, pues era difícil encontrar uno de su talle.
    
    Su piel estaba llena de tatuajes. No eran tatuajes delicados o escondidos. Eran dibujos grandes, de líneas fuertes, que le cruzaban los brazos, las piernas, la espalda. Algunos eran flores negras enormes, otros frases en japonés, figuras geométricas que no parecían tener un significado específico. A ella le gustaba mostrarlo. En combinación con su físico escultural, le daba un aspecto imponente.
    
    El pelo era otro tema. Corto, bien corto, platinado al punto de casi parecer blanco cuando le daba la luz del sol. Eso hacía que su cara, de pómulos marcados y labios carnosos, se viera todavía más provocadora.
    
    Yo, desde algún rincón de la casa, siempre la estaba espiando.
    
    Vivíamos juntos desde siempre, pero los primeros días de encierro fueron raros, y modificaron, imperceptiblemente, nuestra relación.
    
    En Buenos Aires la cosa se puso densa de verdad. No podías salir a la calle ni para comprar pan sin sentir que te estaban apuntando con la mirada desde los balcones o que te podía parar la policía en la esquina. Los noticieros estaban todo el día con números, con hospitales colapsados, con gente muriéndose sola en las clínicas.
    
    Mamá se lo tomó a pecho desde el primer minuto. Ella siempre había sido muy obsesiva con el tema de los ...
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