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One shot: en cuarentena con mamá
Fecha: 05/05/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... virus, las bacterias, la limpieza. Antes de que se hablara del Covid ya era de las que llevaban alcohol en gel en la cartera, de las que limpiaban el celular con toallitas desinfectantes, de las que no tomaban mate si no conocían a la persona. Así que cuando apareció la pandemia, su costado más maniático directamente explotó. Los primeros días me pareció gracioso. Me hacía dejar las zapatillas afuera, desinfectarme las manos apenas entraba de comprar algo, y a veces hasta me hacía bañarme cuando volvía de la calle. Pero después la cosa se fue poniendo más seria. No salíamos casi nunca. Ella tenía plata, siempre lo supe. Había ahorrado durante años, tenía inversiones, dólares guardados. No necesitaba trabajar. Así que tampoco tenía que salir de casa. Los pedidos los hacía por internet. La comida, la limpieza, hasta el shampoo. Todo llegaba por delivery. Y cuando llegaba, se armaba el ritual de desinfección: alcohol por todos lados, bolsas afuera, guantes, lavarse bien. Yo, al principio, la seguía porque no me quedaba otra. Pero con los días, la rutina se volvió pesada, repetitiva, casi irreal. Las persianas bajas, las cortinas corridas. El silencio de la calle era más fuerte que cualquier música. No pasaban autos. No se escuchaban voces. Los únicos ruidos que llegaban de afuera eran los de algún vecino que ponía música fuerte para pasar el tiempo, o los aplausos de las nueve de la noche que duraron un par de semanas y después murieron de aburrimiento. Y ahí ...
... estábamos nosotros. Encerrados. Ella y yo. En una casa demasiado grande para dos personas, con demasiados rincones, demasiados espejos, demasiados lugares donde cruzarse. Lo peor, o lo mejor —según cómo se lo mirara— era que la convivencia, que siempre había tenido algo de aburrida, empezó a cambiar de una manera que yo no hubiera podido prever. Una tarde, con la pandemia ya avanzada, la casa estaba envuelta en un silencio casi absoluto, roto únicamente por el sonido de los disparos y explosiones provenientes del videojuego que estaba jugando en el living. La luz de la tarde se filtraba a través de las cortinas, proyectando sombras alargadas en las paredes. Mamá, según lo que sabía, estaba en su habitación descansando; desde que comenzó la cuarentena, había adoptado la costumbre de dormir siestas, algo que antes no hacía. Para mí mejor, porque así podía jugar en la televisión del living, que era mucho mejor que la mía. De repente, un sonido inesperado irrumpió en la tranquilidad de la casa. Un gemido ahogado, casi un grito, proveniente de la habitación de mamá. Solté el control del juego y me puse de pie de inmediato, el corazón latiéndome con fuerza. Sin pensarlo dos veces, me dirigí rápidamente hacia su cuarto, impulsado por la preocupación de que algo malo le estuviera sucediendo. Al llegar a la puerta, la abrí sin golpear, pues mi preocupación hizo que me olvidara de esos detalles. La escena que se desplegó ante mis ojos me dejó sin aliento. Mamá estaba ...