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One shot: en cuarentena con mamá
Fecha: 05/05/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... quieto, mirando, sabiendo que si me descubría iba a morirme de vergüenza. Pero no pude evitarlo. No podía. Y eso fue solo una de tantas. Era como vivir en un castigo constante. Como estar rodeado de señales, de imágenes, de situaciones hechas a propósito para quebrarme. Pasaban los días y yo no podía más. Mis pensamientos ya no eran los de antes. La idea de estar con ella, de ser ese otro cuerpo que le faltaba en la cama, ya no era una fantasía lejana. Era algo que me acompañaba a cada paso. Algo que se me aparecía cuando cerraba los ojos. Cuando me bañaba. Cuando la escuchaba gemir desde su cuarto. Era un veneno lento. Una necesidad que me avergonzaba, pero que me iba devorando desde adentro. Y llegó un momento en que ya no pude aguantarlo más. Yo deseaba a mamá, y su necesidad sexual era un incentivo para mí. Había notado pequeños cambios en ella. Ya ni se molestaba en acallar sus gemidos. Y a veces hasta la oía llegar al orgasmo dos veces a la hora de la siesta, luego una vez más antes de dormir, y otra al despertarse. En ocasiones, agregaba una más mientras se duchaba. A veces me acercaba, detrás de la puerta, para oírla, pero tampoco es que hiciera falta. También la noté más tensa, más estresada. No de mal humor, ella nunca fue así. Pero se le notaba que le faltaba algo a su vida, y yo sabía lo que era: una pija dentro de ella. A pesar de que sus masturbaciones eran cada vez más frecuentes, al mismo tiempo parecían no ser suficientes. Mis ...
... deseos hacia ella hicieron que mi manera de pensar se distorsionara. Lo que antes me parecía inconcebible, ahora parecía necesario. La idea de cogérmela se me había instalado en la cabeza, como si fuera lo más normal del mundo. Y, si no fuera porque había llegado a ese grado de alienación, jamás me hubiera animado a hacer lo que hice. Era la hora de la siesta. El momento en que la casa entera se sumía en ese silencio raro, pesado, de encierro largo. Afuera, el sol caía a plomo sobre la vereda vacía. Yo sabía lo que pasaba a esa hora. Mamá se encerraba en su cuarto para descansar, pero también para masturbarse. En los últimos días había tomado la costumbre de masturbarme yo mismo mientras la oía. A veces acabábamos al mismo tiempo. Pero esta vez no quería quedarme afuera. Caminé hacia su cuarto como si mis piernas ya no respondieran a mi cabeza. O tal vez sí. Tal vez mi cabeza había dejado de querer tener el control hacía rato. Era una locura, pero una locura que no podía evitar. Llevé la mano al picaporte y me di cuenta de que estaba temblando. Aún así, no retrocedí. La abrí. Mamá estaba tendida sobre la cama, apenas cubierta por una sábana que se había deslizado hasta sus caderas. Su piel brillaba por la humedad del calor o por el sudor de su propio deseo. Su cuerpo fuerte, trabajado, lleno de tatuajes, estaba ahí, expuesto, hermoso. Tenía los ojos cerrados y una mano deslizada entre sus piernas. Esta vez no usaba consolador. Miré sus tetas. Tenían los ...