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Qué iba a saber yo (7) Deseo que...
Fecha: 06/05/2026, Categorías: Gays Autor: Bartowski, Fuente: TodoRelatos
... aperitivos y pizzas recién hechas, mientras de fondo sonaba algo de música. En ese preciso instante no pensaba en Henry, ni en los exámenes, ni en nada más. Solo en la pizza caliente, la birra fría, la brisa fresca de la noche… y en lo bien que se sentía estar allí, acompañado. Durante la velada pude ir conociéndolos un poco mejor, intercambiando algunas palabras con unos, escuchando a otros. Cada uno tenía su propio aire, su propio mundo. Miguel, o Mike, como prefería que lo llamaran, tenía unos treinta años y era abogado, aunque le apasionaba el karate. Peinaba su pelo con la raya a un lado y no tenía ni rastro de barba, lo que lo hacía parecer más joven. Aquella noche llegó trajeado, directo del trabajo. No tardó en quitarse la americana y aflojarse la corbata mientras se acomodaba con los demás. Ángel lo único que tenía de angelical era el nombre. Un tipo duro, de unos 32 años, más corpulento que el resto. Vestía una camiseta de tirantes que dejaba ver sus brazos tatuados, los pectorales peludos y unas axilas igual de pobladas. Tenía el pelo castaño rapado, con entradas marcadas, y una barba cerrada que lo hacía parecer aún más intimidante. Iván fue, sin conocerlo aún, uno de mis favoritos. Solo por haber aparecido y darme la oportunidad de compartir cama con John, ya se había ganado un rincón en mi corazón. Pero eso, claro, era secreto. Tenía unos rasgos angulosos, gafas que le daban un aire intelectual, y peinaba su pelo hacia atrás con gomina, rapado ...
... a los lados. Su barba era completa y bien cuidada. Supuse que tendría más o menos la edad de Mike. Y por último —aunque no por ello menos importante— estaba John. El motivo por el que yo estaba allí, y a quien le debía ese momento. Llevaba el pelo engominado, de punta, como siempre, aunque esta vez su barba de candado se extendía un poco más por las mejillas y las patillas, rozando ya una barba completa. Vestía un polo azul marino con los primeros botones desabrochados, dejando asomar algo de vello en el pecho. Abajo, unos tejanos. Nada fuera de lo normal… pero en él todo tenía un efecto distinto. En cierto momento de la noche, me alejé del grupo necesitando tomar un respiro. Me acerqué a la barandilla de la terraza y me apoyé en ella. Desde allí se veían unas vistas increíbles del lago bajo la oscuridad. Las estrellas y la luna plateada se reflejaban sobre el agua, creando una imagen que parecía irreal. Al rato, sentí una presencia a mi lado. Desvié la mirada, y allí estaba John, con dos cervezas en la mano. —Precioso, ¿verdad? —dijo, ofreciéndome una de las botellas mientras se apoyaba también en la barandilla. La acepté con gusto y le dediqué una sonrisa tímida. —Sí… Acerqué mi botella para brindar. Él me respondió con una media sonrisa, y chocamos suavemente las cervezas antes de dar un trago largo, como si ninguno de los dos quisiera romper el momento. —¿Te lo estás pasando bien, chaval? —preguntó, sin dejar de mirar el cielo estrellado. —Sí… ...