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La propuesta (8)
Fecha: 07/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: economista1, Fuente: TodoRelatos
PARTE 4 Capítulo 23 El domingo por la tarde lo pasé con Beatriz en el centro comercial y después entramos al cine a ver una peli. Por desgracia no pudimos hacer nada, porque la sala estaba abarrotada, por lo que nos quedamos los dos con las ganas. Una vez ya metida en la vorágine del curso universitario, entre sus clases y las horas que se pegaba en la biblioteca, veía muy poco a mi novia, lo que se tradujo también en un descenso drástico de nuestras relaciones sexuales. Todo lo que habíamos avanzado durante el verano no me sirvió de mucho cuando le propuse ir con el coche a la zona de las pistas deportivas de su urbanización. Por supuesto que Cayetana se negó y la dejé en su casa un poquito antes de las once. Tampoco quise insistir, porque entraba en la semana en la que tenía que quedar con Beatriz, así que debía reservarme para ella. Por desgracia uno de esos días coincidió con otra cita muy importante para mí: el cumpleaños de Cayetana. Mi chica cumplía veintidós años y, como más o menos cuadraba con otros cumples de un par de tíos, varios hijos de sus primas y su abuela, lo quisieron celebrar todos juntos en la mansión de Hans y Beatriz. El sábado teníamos fiesta, y yo me preguntaba cómo lo íbamos a hacer, porque los días fértiles de Beatriz caían en viernes, sábado y domingo. Todavía faltaba mucho, y quizás ya debería haber empezado a acumular semen para los encuentros con la prima de mi novia, como me pidió Hans, pero a mí no me interesaba que ella se ...
... quedara embarazada, por lo que me masturbé cada noche, incluida la del jueves, y con eso también evitaba llegar demasiado cachondo y que mi encuentro con Beatriz no durara nada. El viernes me levanté nervioso y excitado sabiendo que por la noche tenía que acostarme con Beatriz. Todavía no me había llamado Hans para decirme a qué hora debía acudir a su casa y sobre las nueve recibí un mensaje suyo, en el que me citaba en el despacho de su empresa. No se me ocurrió ninguna excusa y al final me tocó acudir a media mañana a la improvisada reunión con el alemán. Al llegar al edificio donde trabajaba Hans, le pregunté a uno de los de seguridad y me acompañó en el ascensor hasta la planta en la que tenía el despacho su jefe. Igual que la otra vez, él ya me estaba esperando, me saludó con un fuerte apretón de mano y después me pidió que le acompañara hasta su oficina. No sabía el motivo de esa reunión, por lo que acudí bastante nervioso, aunque Hans parecía más contento de lo normal y me dijo que no me preocupara, que solo quería que nos viéramos de manera informal y me dio una documentación relativa a mi supuesto «trabajo» en su empresa. Me pidió que tomara asiento en la mesa que presidía el despacho y él hizo lo propio frente a mí, como si fuéramos un doctor y su paciente. ―Esta noche, ¿a qué hora te viene bien venir? ―me preguntó directo al grano. ―Cuando queráis, sobre las ocho o las nueve, me da igual, puedo antes o después también… ―Pues a las ocho, así no ...