1. La propuesta (8)


    Fecha: 07/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: economista1, Fuente: TodoRelatos

    ... bulto a lo bestia. Me pregunté qué sentiría Beatriz al verme así y me agarré el paquete con toda la mano, abarcando mis huevos.
    
    «Le voy a meter todo esto a tu mujercita» suspiré recreándome frente al espejo con lo que estaba a punto de suceder. Y otra vez esos nervios inevitables que afloraban en mi estómago me dispararon la adrenalina y sentí la imperiosa necesidad de arrancar el coche y salir disparado a su casa. La última hora se me hacía eterna y durante el trayecto hasta la mansión fantaseé con cómo iba a transcurrir la cita con Beatriz.
    
    Al llegar al parking, paré el motor del coche, me eché una última miradita al espejo para comprobar que llevaba el pelo perfecto y bajé del coche alisando mi camisa a rayas. Llegué seis o siete minutos antes de las ocho. Hans tardó en abrirme un rato y me saludó con efusividad, como si lleváramos tiempo sin vernos.
    
    ―Vienes pronto ―dijo mirando su reloj.
    
    ―Sí, me gusta la puntualidad…
    
    ―Me cae bien la gente puntual, eso dice mucho de las personas.
    
    ―Gracias.
    
    Me acompañó caminando despacio hasta el salón, Hans no parecía tener prisa y yo estaba deseando perderlo de vista y llegar hasta el cuarto en el que me esperaba su mujer.
    
    ―Recuerda lo que hablamos esta mañana ―insistió―. Ah, y Beatriz no sabe que nos hemos visto hoy, no le comentes nada…
    
    ―Sí, claro…
    
    ―¿Te apetece tomar algo? ―me preguntó por mera cortesía.
    
    ―Pues, mira, sí ―contesté solo por fastidiarle, porque lo que más deseaba del mundo era estar con ...
    ... su mujer, pero tengo que admitir que disfrutaba mucho esos instantes previos y me encantaba esa sensación de nervios tan bestia en la boca del estómago.
    
    ―¿Qué quieres?
    
    ―Lo que te apetezca. ―Y me senté en el sofá con las piernas cruzadas.
    
    ―¿Un whisky?, yo me voy a servir uno…
    
    ―Quizás no debería beber algo tan fuerte antes de…, pero bueno, sí, un whisky estaría bien…
    
    Hans preparó un par de ellos en unos vasos anchos, que tenían pinta de ser de lujo.
    
    ―¿Me pones un hielo, por favor?
    
    ―Esto se bebe sin hielo, chico…
    
    ―Ya, pero a mí me gusta con él…
    
    ―Es un Macallan escocés que me ha regalado un amigo…, mejor que no sepas lo que cuesta una botella de esto… ―dijo pasándome el vaso.
    
    Me quedé mirándolo de abajo arriba, deslumbrado por el cristal, que parecía brillar entre mis dedos.
    
    ―¿Te gusta el vaso?, tienes buen gusto, son unos Schott Zwiesel, una colección especial fabricada en exclusiva para mí… ―alardeó el empresario.
    
    El cabrón tenía buen gusto para todo, de eso no cabía duda. La mansión estaba decorada de forma moderna y minimalista. Poseía una colección de cuadros que debía estar valorada en varios millones de euros; un Porche Cayenne Coupé, que no podía ser más bonito; vestía con las mejores firmas italianas, y qué decir de Beatriz. Si Hans había elegido a esa mujer, era por algo.
    
    Al empresario alemán solo le gustaba lo mejor.
    
    Y allí, sentado entre tantos lujos, me sentí un privilegiado. Yo iba a tomar prestado lo que más quería Hans de ...
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