1. La propuesta (8)


    Fecha: 07/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: economista1, Fuente: TodoRelatos

    ... se habrá acabado tu oportunidad.
    
    ―Mejor…
    
    ―Piensas que es mentira, ¿verdad?
    
    ―Es que me da igual lo que hagáis, Marta…
    
    ―Pues yo creo que no…, te encanta saber que no llevo nada debajo de esta faldita, es tan corta que no voy a poder sentarme en toda la noche…
    
    ―Vale ya…
    
    ―¿Por qué no subes y me traes el tanguita en el bolso?, ¿te atreverías a hacerlo?, ¿te lo imaginas?, te cruzarías toda la casa y te pasearías entre los invitados sin que nadie supiera lo que llevas escondido. ¡Vamos, no me digas que no te da morbo!, o es que eres tan aburrido como mi hermanita…
    
    ―Marta, deja de meterte con Caye…
    
    ―Venga, sube a por ellas…, sabes dónde están… En un par de minutos ya estarías de vuelta conmigo y hasta podrías quedártelas si te gustan…
    
    Miré hacia Cayetana, que se dirigía a la otra punta del jardín con Álex, en dirección a la barra, y otra vez a Marta, que asintió con la cabeza.
    
    ―Ahora es el mejor momento…, solo tienes que entrar en casa como si fueras al baño, subir las escaleras y en el primero que hay, a mano derecha, ahí las tienes…, en el segundo cajón… ¿o prefieres comprobar antes que no las llevo?
    
    ―¡Vete a la mierda! ―dije separándome de ella.
    
    Entonces me di cuenta de que Hans no dejaba de mirarnos y estaba muy pendiente de lo que hacía. Caminé entre la gente sin rumbo fijo, separándome de Marta, que se quedó con su sonrisa de zorra a mi espalda. La fiesta ya se había vuelto loca, y en el jardín encendieron las luces porque se acababa de ...
    ... poner el sol. Me saludaron varias tías de Cayetana, que bailaban sin miedo al ridículo, y, cuando atravesé la maraña de personas, llegué a la puerta de la casa por la que entraban y salían los invitados para ir a los baños que se habían habilitado en la planta baja.
    
    No podía dejar de pensar en el tanguita de Marta y me preguntaba dónde estaría Cayetana, a la que había perdido de vista. Entonces vi a Beatriz junto al portón de acceso al patio, hablando con uno de sus primos y justo se despidió de él, tocándole el brazo de manera amable. En cuanto se quedó sola, levantó la vista y me encontró allí, a cinco metros de ella, mirándola, y yo me acerqué despacio.
    
    Estaba tan concentrado en las provocaciones de Marta que hasta me había olvidado que Beatriz se encontraba en uno de sus días fértiles y que después de la fiesta tenía que volver a su casa y acostarme con ella. Si es que podía.
    
    ―Hola, Beatriz, impresionante el evento que has montado. Está todo de diez, la música, la comida, el sitio…
    
    ―Muchas gracias, Jorge…
    
    ―Solo quería decirte que… no creo que pueda venir luego, tengo que llevar a Caye en el coche, es su cumple y, bueno…, ya me entiendes… ―cuchicheé en bajito acercándome a su lado.
    
    ―Aquí no ―afirmó con la cabeza sonriendo justo cuando pasaban los amigos de una de las primas.
    
    Caminamos hasta el interior y pasó el camarero con unas copas y refrescos en una bandeja; Beatriz cogió una de champán y yo un corto de cerveza.
    
    ―No pasa nada, lo entiendo ...
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