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Una Vida Peculiar. Desenlace. Cap. XVII
Fecha: 07/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Stholle, Fuente: TodoRelatos
UNA VIDA PECULIAR. Desenlace. Capítulo XVII Muy entrada la noche paró de llover. Hacía frío. La finca estaba en plena sierra, era del todo punto normal estas temperaturas nocturnas. Estaba tiritando, mi cuerpo estaba completamente mojado y mis partes íntimas seguían muy irritadas. Las lágrimas se confundían en mi cara con las gotas de lluvia. No pude descansar ni un mísero segundo, al momento que me relajaba, un dolor constante y tirante en los pezones me recordaba que estaba casi colgada de ellos. Las ortigas que tenía insertadas en mis agujeros eran mortales, el picor seguía muy presente, toda esa zona me ardía de manera bestial. Fueron pasando las horas, y con ellas vino el típico rocío mañanero. Detrás de la montaña se asomaba un sol todavía sin fuerza pero, al menos, iluminando el lugar. Con la claridad pude darme cuenta del aspecto tan desastroso en el que me encontraba. Se abrió la puerta principal de la casa, pasados unos segundos, apareció detrás de mí, la señora, siempre acompañada por sus dos perras. —¿Has dormido bien? —Me preguntó dándome la vuelta para que la viese la cara. —¡Vaya cara tienes! Mira que ojeras, por favor. Está mal no descansar cuando puedes hacerlo. Aunque en eso no me meto, problema tuyo si has querido pasar la noche contemplando el paisaje en vez de dormir. —Comentó sarcásticamente. —Soltadla y llevadla dentro para curarla. Primero me quitaron la barra que tenía entre las piernas que me impedía cerrarlas y después ...
... desengancharon los pezones. En el momento en el que me soltaron, caí rendida al suelo. Me pusieron a cuatro patas y, para que empezara a andar, fueron dándome patadas en el trasero. Me costaba horrores dar un paso con las rodillas. Tenía el cuerpo entumecido, además, el movimiento multiplicaba la picazón en mis agujeros. Todavía no me habían quitado las ortigas. Debía tener el interior de mi vagina y culo totalmente inflamados. Entramos en la casa, tenía las articulaciones en carne viva de tanto andar en la calle a cuatro patas. Subimos las escaleras en dirección a la planta de arriba y nos dirigimos al cuarto de baño. Me metieron en la ducha y se pusieron a inspeccionar mis agujeros concienzudamente. Empezaron con el coño. Una de ellas, Abrió el candado y soltó el cierre. Con sus manos, previamente enguantadas, sacó los restos de ortigas que tenía dentro de mí agujero. Inmediatamente después, introdujo un par de dedos para ver el estado en el que se encontraba el interior de mi vagina. En cuanto sentí las manos sobando esa zona, me eché a llorar de dolor, me escocía como nunca. La vagina estaba hinchada, la picazón era terrible. Sin mostrar ningún interés por mis quebrantos, me dieron la vuelta y me hicieron doblar el espinazo. Con el culo en pompa, me quitaron el plug y mientras una me abría el ano todo lo que podía, que por desgracia, ya era bastante, la otra metió varios dedos y saco los restos de ortigas. Volví a bufar de dolor. —Parece que tiene un poco de infección, ...