1. Una Vida Peculiar. Desenlace. Cap. XVII


    Fecha: 07/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Stholle, Fuente: TodoRelatos

    ... fuerza los pezones. Creía morir del dolor.
    
    —Procura que no se suelte ningún enganche, de lo contrario, te dolerán más las tetas. —Me dijo la señora mientras sus perras seguían poniendo cosas en el cestillo.
    
    Me doblaron los brazos por la espalda y los ataron fuertemente. Por último, me colocaron una mordaza en la boca con una bola grande. Apretaron las cinchas con autentica saña y la bola quedó fuertemente incrustada dentro de mi boca. Empecé a babear.
    
    En definitiva, estaba de rodillas, con una mordaza en mi boca que me obligaba a tenerla abierta y a babear; una cesta a la altura de mi vientre sujetada por un lado a los aros de mis pezones y por el otro a dos pinzas fuertemente enganchadas a mis mamas; con los brazos doblados y atados por mitad de la espalda; con unos pesos colgados de los labios de mi coño y con un plumero clavado hasta el fondo del culo.
    
    —Has quedado Perfecta. Hoy es día de limpieza, así que ya sabes, a realizarla con entusiasmo. —Me ordenó disfrutando del momento.
    
    —Irás de rodillas y en todos los muebles de cada habitación pasarás el plumero, ese que tienes en el culo. No te está permitido levantarte más allá de las rodillas, si algún sitio no llegas, alzas tu trasero. El cestillo es para que vayas transportando los objetos que te vayan poniendo las perras y procura que no se caigan porque en el caso que eso ocurra, prepárate a recibir un fuerte castigo y sabes que no bromeo con esas cosas.
    
    —Empezarás por la parte de arriba, cuando acabes ...
    ... una estancia, vendrás donde esté para avisarme de que ya has acabado la habitación, e iré a comprobarlo. ¡Vamos! Empieza ya, puta. —Me gritó con desprecio.
    
    Era bastante temprano. No me había dado de desayunar nada, pero parecía que no le importara en absoluto. La señora y sus perras si se fueron a comer y yo empecé a limpiar la habitación de la señora. Era una estancia amplia, con su cama sin hacer, un armario empotrado que cubría una pared entera, una cómoda y poco más. Había también unos cuencos en el suelo con el nombre de las perras grabado y dos almohadones seguramente donde dormirían las esclavas cuando no fuesen necesitadas sexualmente por su Ama. Entré a duras penas de rodillas y acerqué mi culo a todos los muebles de la estancia con cuidado de no caerme hacia delante. A cada movimiento, la cesta que tenía sobre mi vientre se balanceaba provocándome un terrible dolor en los pezones.
    
    Cuando conseguí limpiar todos los muebles de la habitación, bajé para avisar a la señora. Descender las escaleras tal como iba fue una odisea. Tenía que bajar una rodilla y apoyarla en el escalón inferior, mantener el equilibrio hasta conseguir bajar la otra, así toda la escalera. Con mucho esfuerzo llegué hasta la cocina. Estaba la señora sentada en una silla desnuda mientras sus perras lamían sus pezones.
    
    —¿Has terminado mi habitación? —Preguntó sin tan siquiera mirarme.
    
    Asentí. La mordaza de la boca me hacía babear como nunca. Tenía el cuerpo brillante de toda la saliva que ...
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