-
Mi hijo es un pervertido 4: mi hijo se pone celoso
Fecha: 09/05/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... algo se le quebraba por dentro. Cómo su rostro se tensaba. Luego esa tensión se transformó en una sonrisa extraña. No era de burla. Era más bien de sorpresa… y excitación. —No… realmente no tiene nada de malo —dijo. Y entonces soltó—: ¿Serías capaz de estar con un desconocido? —Puede ser —dije, esperando que mi respuesta generara un impacto en él—. No sé. Todos somos desconocidos al principio. Me puse la cartera al hombro y me dirigí a la puerta. Lo dejé ahí, solo, con sus pensamientos oscuros y esa imagen mía grabada a fuego: yo, vestida para otro. Para alguien que él jamás podría ser. Fui a un bar alejado. Uno de esos lugares que no frecuento, donde nadie me conoce y donde, por un rato, podía ser otra. Era la primera vez que hacía algo así: salir sola, tan provocadora, vestida como si esperara que el mundo entero se diera vuelta a mirarme. Me sentía expuesta, pero no vulnerable. Más bien al contrario. Estaba perfectamente consciente de lo fácil que me resultaría acostarme con el hombre que quisiera, y eso me gustaba, no porque necesariamente fuera a hacerlo, sino porque me sabía poderosa gracias a mi sensualidad. Cada paso con esos tacos altos parecía marcar el pulso de la noche. Me pregunté si realmente sería capaz de hacerlo. De intimar con otro hombre solo para molestar a Octavio, para sacudirlo, para quebrarle esa seguridad oscura que lo envolvía. Pensé que podría mentirle. Podría inventar una historia, decorarla, contarle detalles que lo ...
... descolocaran. Y sin embargo, algo en mí sabía que no iba a servir. Él se daría cuenta si realmente acababa de tener sexo o no. No entendía por qué estaba tan segura de eso, pero así era. Me senté en la barra, sin muchas expectativas. Me pedí un trago que no recordaba haber probado antes, solo por el placer de improvisar. Como esperaba, atraje muchas miradas. Lo que no esperaba era que el primero en acercarse fuera el propio barman. Un chico alto, de brazos fuertes y sonrisa linda. Tendría, como mucho, un par de años más que Octavio. Se llamaba Agustín. Me habló con soltura, pero sin exceso. Me cuidó de lejos cuando un tipo demasiado borracho empezó a decirme cosas, y con un gesto sutil, lo alejó. Me sentía cómoda con él. Era simpático y gracioso, y no parecía arrogante. Y en esa comodidad había algo que me calentaba. Me sentía distinta. Otra versión de mí misma. Y lo más perturbador: sentía que Octavio estaba presente en todo eso. Después de todo, estaba haciendo todo por él. Incluso si terminaba teniendo sexo con Agustín —cosa que aún no decidía—, sería por la injerencia de mi propio hijo. Creo que en ese momento no había asimilado lo aberrante de esa situación, de lo perverso que era el extraño morbo que estaba sintiendo mientras seducía al barman, pensando siempre en Octavio, como si fuera la causa de mi entrega. Porque si hubiera sido consciente de eso, probablemente huiría del bar y pondría fin a toda esa locura. Pero no lo hice, claro. No sé exactamente ...