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Mi hijo es un pervertido 4: mi hijo se pone celoso
Fecha: 09/05/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... en qué momento se desdibujaron los límites. En un instante, otro barman vino a ocupar el lugar de Agustín en la barra. Me miró. Yo lo miré. No dijimos nada. Pero yo sabía que si me levantaba en ese momento, si iba al baño, él me iba a seguir. Y así fue. Caminé hacia el baño sin mirar atrás. Al salir, lo vi esperándome, apoyado contra una puerta semiabierta. Me tomó de la mano, y me comió la boca. Luego, sin decir palabra, me llevó hacia un pequeño cuarto oscuro, apenas iluminado por el resplandor lejano de la cocina. Yo me dejé llevar, como si ya estuviera todo dicho. Me apoyó contra la pared. Sus labios buscaron mi cuello. Su cuerpo me envolvió por completo. Fue todo rápido, salvaje, vertiginoso. Y sin embargo, tan extrañamente erótico que todavía ahora, al recordarlo, me tiemblan las piernas. Fue solo sexo, con un tipo que había conocido hacía poco más de media hora. Y lo disfruté. Lo disfruté tanto, que sentí que el cuerpo me ardía desde adentro. Pero aún en medio de esa entrega… pensaba en mi hijo. Como si al dejarme poseer por otro, también le estuviera cediendo a él un poco más de mí. Cuando volví, Octavio estaba ahí, aparentemente mirando una película. Pero lo conocía demasiado bien. No solía ver películas en el living a esa hora. Si quería ver algo, lo hacía en su cuarto. Estaba claro que me estaba esperando. —¿Todo bien? —preguntó sin quitar la vista de la pantalla. —Sí —respondí, con un tono neutro. Caminé delante de él, y pasé ...
... mi mano por su cabeza. Un gesto tierno, protector, maternal…. Todavía me salían esos gestos de manera espontánea. Sin embargo, sentía sus ojos en mí. Con ese deseo silencioso y ardiente que venía acumulando desde hacía tiempo. Ese deseo que yo ya conocía. Y que, por más que intentara, no podía ignorar. —¿Y cómo te fue? —preguntó, como al pasar. —Bien —dije, sin detenerme—. Ya voy a dormir. Pero su voz me detuvo. —Esperá. —¿Qué? —le dije, girando apenas. Me paré un poco alejada de él. Lo miré. Su rostro estaba tenso. Tenía esa expresión mezcla de orgullo herido y ansiedad contenida. Sabía que mi salida lo había afectado. Y eso me dio cierto poder. Pensé que era una buena oportunidad para ubicarlo. Para que supiera que había hombres que podían poseerme, pero que él jamás lo haría. —¿Conociste a alguien? —preguntó, con una voz más baja. —Sí. Obvio. Se le frunció el ceño. —¿Por qué obvio? —Octavio… —dije, apenas sonriendo—. ¿Te parece difícil que una mujer salga vestida así, sola, y ningún tipo se le acerque? —Claro… —dijo—. Pero eso no significa que tengas que hacer algo. Que tengas que… darle bola. —No —admití—. En eso tenés razón. Hubo una pausa. Se mordió el labio. Lo noté inquieto. Más vulnerable de lo que quería aparentar. —¿Y entonces? —¿Entonces qué? Estaba jugando con su ansiedad. Me gustaba ver cómo se debatía entre la curiosidad y la rabia. —Entonces… ¿hiciste algo con ese tipo que conociste? —Sí —dije. Una ...