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Mi hijo es un pervertido 4: mi hijo se pone celoso
Fecha: 09/05/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... respuesta simple, pero contundente. El silencio entre nosotros se volvió denso, cortante. —¿Te lo cogiste? —soltó de repente. No supe si estaba indignado, celoso… o excitado. Quizás todo a la vez. Había algo en su voz que temblaba. Algo descontrolado. Yo lo miré en silencio por un segundo. Vi cómo su respiración se detenía. Cómo su cuerpo se tensaba esperando mi respuesta. Su mandíbula apretada, la mirada fija. Entonces, con una suavidad casi cruel, dije: —No. Vi cómo su gesto se relajaba, como si el alivio le bajara desde la cabeza hasta los hombros. Y ahí, justo en ese instante, le clavé el puñal: —No me lo cogí yo… Me cogió él. Su expresión fue un poema. Me di vuelta, y sin agregar nada más, me fui a dormir. Pero sabía que él se iba a quedar ahí, desesperado, con esa frase latiéndole en el pecho. Con esa imagen incendiándole la mente. —Esperá —llegó a decir. Pero fingí no escucharlo. Caminé con paso firme hacia mi cuarto, y sin apurarme, dejé la puerta entreabierta, sabiendo que ese detalle podía llamar su atención, aunque no tenía en claro por qué lo hacía. Con lo que acababa de decirle era más que suficiente para sentir que le gané en ese juego perverso que ni siquiera sabía del todo cómo jugar. Y, sin embargo, quería más. Me saqué los zapatos, lista para desvestirme. Sabía que Octavio no iba a tardar en aparecer. Y no me equivoqué. Enseguida apareció. Se apoyó en el marco de la puerta como si estuviera casualmente ahí. Pero su ...
... cuerpo lo traicionaba: tenso, expectante, contenido. —¿Qué pasa? —le pregunté, sin mirar directamente. —¿Y… cómo fue? —dijo él. Fingí confusión. Pero ambos sabíamos de qué hablaba. —¿Cómo fue qué? —¿Cómo te cogió? —dijo al fin, seco, casi con la garganta cerrada. —No hace falta que sepas eso —le dije, con calma. —Pero yo te conté lo de Romina y lo de la profe de música… —Yo no te pedí detalles, Octavio. Me los dijiste porque quisiste —respondí, filosa—. Ahora dejame, me quiero duchar y descansar. Pero él no se fue, y eso era justamente lo que deseaba. Si no le bastaba con que le dijera que acababa de coger con un tipo, tenía más ideas para quitarle sus retorcidas esperanzas conmigo. —Solo tengo curiosidad —insistió—. Quiero saber cómo fue. Lo observé. Había algo más que curiosidad en su mirada. Algo oscuro, vibrante, descompuesto entre celos, morbo y fascinación. —Está bien —cedí al fin—. Pero cuando termine de contarte… te vas. ¿Quedamos así? —Sí —dijo él, en un hilo de voz. —Fue con el barman —empecé, sin dramatismos—. Mientras tomaba algo, hubo un juego de seducción. Nada de otro mundo, pero a la vez muy especial. Se dio cuenta de que le tenía ganas. —¿Le tenías ganas? —me interrumpió, con veneno en la voz. —Sí —dije sin dudar—. Me calentaba mucho. Lo vi tragar saliva. Era evidente que esa última frase había sido una bofetada para él. —¿Y? —Cuando salí del baño, me lo crucé en el pasillo. Me comió la boca. —¿Así, sin ...