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Aritz Guzmán, desvirgador en casa
Fecha: 10/05/2026, Categorías: Gays Autor: GenteBCN, Fuente: TodoRelatos
... si solamente iba a estar un rato ahí toqueteándose, y que luego remataría la faena en su cama. No es que tuviese interés alguno en verle el rabo. Curiosidad tal vez, por eso de que los tíos somos “pene-comparadores” por naturaleza; lo llevamos en el instinto nos guste o no. Así que algo de curiosidad tenía, la verdad. O sea, yo nunca le diría: «Oye, ¿por qué no nos medimos las pollas?», por mucho que nos llevemos más o menos bien. Pero si esa noche él se la sacaba del calzón y podía vérsela a todo tren, pues ya me daría por “comparado”. El caso es que yo tengo una pija de las que se pondrían a la izquierda en los anuncios. Me refiero a esespam invasivo en el que aparece una picha y un pollón para venderte un alargamiento milagroso. Lo mío sería la picha. Y mi curiosidad solo era esa: saber si mi hermano mellizo, todo lo opuesto a mí, podría ocupar la parte derecha del anuncio. A pesar de que él era lo único que podía ver en el pasillo, aquella morbosa banda sonora de guarrerías y despropósitos que soltaban nuestros padres me llegó a poner bastante burro. Casi tanto como el porno-anime con el que me la casco normalmente. Pero al ver que Pello volvía la cabeza en mi dirección, intuí que me había pillado. Seguro que no me llegó a ver porque estaba todo realmente a oscuras a su alrededor; solo supo que yo estaba ahí asomado. Ajusté la puerta sin cerrarla y corrí a meterme en la cama. Fingiría que estaba loco, que lo había imaginado, si en algún momento me ...
... preguntaba. Con las pulsaciones aceleradas y la cola bien dura, me quedé inmóvil bajo el edredón. La puerta de mi habitación se abrió muy lento, como en una película de terror, aunque no vi ninguna sombra recortando la escasa luz del pasillo. Me mantuve unos segundos conteniendo incluso la respiración, hasta que escuché aquel susurro que me erizó la piel: —…¿qué hacías ahí fuera curioseando, gordito?… Pello siempre utiliza ese apelativo conmigo de forma cariñosa; se me pasó el susto rápido. Había llegado hasta mi cama gateando por la alfombra con el sigilo de un felino. Por eso no percibí su sombra en la puerta. Entonces, más relajado, viendo que no parecía enfadado por mi espionaje, le reboté la pregunta: —¿Y qué hacías tú, guarro? He visto dónde tenías puesta la mano… —Pues sí… Pero seguro que tú también estabas tocándote —me dijo en aquel rifirrafe de acusaciones—. Porque los heteros sois todos unos cerdos. —Bueno, eso da igual. Cuéntame lo que has visto. ¿Lo estaban haciendo? —Claro que lo estaban haciendo. Venga, déjame un hueco y te lo cuento. Siempre me ha hecho gracia que use el término «hetero» como si fuese un insulto. Tal vez sea porque desde niño ha tenido que darse de ostias con muchos de ellos precisamente por no serlo. Si mi teoría de los bebés intercambiados resulta que no es cierta, dicen que nací once minutos antes que Pello. Aun así, siempre me he sentido como el pequeño. Mi hermano es aguerrido y peleón; es desinhibido, lanzado y ...