1. Aritz Guzmán, desvirgador en casa


    Fecha: 10/05/2026, Categorías: Gays Autor: GenteBCN, Fuente: TodoRelatos

    ... desbordarse, igual que el semen que empecé a soltar a borbotones.
    
    Así que no pude decirle nada básicamente porque fue demasiado tarde para escupir ni una puñetera palabra.
    
    Al desaparecer su trasero, cayendo al suelo en la oscuridad, pude dejar de apoyarme en los codos y vencerme por completo, disfrutando de una brusca eyaculación con la cabeza asomada al abismo.
    
    —…oh, joder… pero qué pedazo de corrida… —le informé entre los últimos estertores de aquel tremendo orgasmo.
    
    —No jodas que ya te has corrido…
    
    Su voz sonaba como un metro más allá; imaginé que estaba arrastrando su cuerpo larguirucho para tratar de incorporarse.
    
    —Buah que si me he corrido… Y no he taladrado el colchón de milagro.
    
    Mi hermano se echó a reír después de llamarme «gorila fantasmón». Y yo le acompañé las risas porque en ese momento estaba en la gloria.
    
    (…)
    
    4.- «¿Cómo quieres que te folle?»
    
    (…)
    
    Hice rodar todo mi orondo cuerpo hacia la mitad inferior de la cama.
    
    Me quedé bocarriba solo por alejarme del charco de lefa que seguramente había mojado mucho más que las sábanas; mis muslos, el pijama y todo lo que aquel torrente blanco hubiera encontrado por delante. Me quedé con la cabeza colgando por fuera y mi cuerpo expuesto como una rana panza arriba.
    
    No tardé en sentir las manos de Pello en mis hombros. Me dio un beso en la nariz. Entonces, no sé por qué pero me vino a la memoria una escena mítica de Spiderman colgando bocabajo y recibiendo un beso de Mary ...
    ... Jane.
    
    Quizá por eso no lo rechacé cuando el beso me lo dio en los morros. Tal vez me sentí un poco superhéroe, extenuado después de luchar contra el tabú del incesto y los prejuicios hetero para darle placer a una rubia flacucha.
    
    Mientras que sus manos se deslizaban lenta y sugerentemente por mis tetazas, me susurró en la oreja algo que tomé por un gran halago:
    
    —…me lo has comido casi tan bien como el macizo de mi novio…
    
    Un halago, sí. Porque Pello me estaba comparando nada menos que con todo un papi maduro y macizo; el musculoso dueño de un pedazo de pollón-torpedo. Así que acepté de él ese beso suave, al estilo del Spidey clásico.
    
    Luego añadió:
    
    —Ahora voy a dejarte la cuca bien limpia, campeón. Tú puedes hacerte el dormido… Para recordar los viejos tiempos.
    
    No dije nada. Aunque sin duda Pello debió percibir que todo mi cuerpo se erizaba ante la idea de tenerlo ahí abajo lamiendo mi picha corrida.
    
    Intuí que estaba de rodillas en el suelo, poniéndose en pie despacio.
    
    Tan cerca de la cama y tan cerca de mi cara, que pude sentir todo el roce de su polla flexible en la frente. Luego lo sentí en la nariz, la boca, la barbilla… Me dibujó una línea recta con su verga mientras se incorporaba.
    
    No lo sentí como la caricia de un rabo duro, y aun así había un buen trozo de carne colgando entre las piernas delgaduchas de mi hermano. Eso lo percibí cuando se inclinó para lamer el pico más alto de la montaña, mi ombligo. Flexionó un poco las rodillas para que su lengua ...
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