-
Aritz Guzmán, desvirgador en casa
Fecha: 10/05/2026, Categorías: Gays Autor: GenteBCN, Fuente: TodoRelatos
... perturbación. Dejé de tocarme de inmediato. (…) Pues bien… Justo en eso fue en lo que pensé dos o tres noches después, mientras le besaba todo el ojal sin querer. Pensé en nuestra discusión. En su enfado, en lo que me había pedido. Lo pensé hasta que noté su mano en mi cabeza. —…oh sí, gordito, sí… chúpamelo… Me sentía tan apabullado por la situación como embriagado por el olor de su agujeraco. Se diría que el culo es un orificio apestoso, pero en el caso de Pello no. De ahí salía la fragancia de su excitación. Su ojete era el aspersor que había llenado mi cuarto con ese aroma de macho en celo que lo inundaba todo. Aunque lo más jodido fue que no me resultara desagradable. Ni el olor ni el sabor de su ano medio abierto. Y es que la puta inercia me había hecho sacar la lengua como si fuera un ariete en cuanto su mano se apoyó en mi cabeza. Debe ser que la oscuridad desinhibe y desorienta por igual. Le estaba chupando el culo a mi hermano solo porque él me lo había pedido. Mi cerebro obedeciendo de forma autómata. Buah, si es que ni siquiera se me bajó la empalmada. Todo lo contrario, me la noté dando brincos con cada tirón de pelo que me daba Pello, con cada frase guarra y morbosa que me soltaba: —…menuda lengua tienes, cabrón… pero qué bien me lo comes… sabía yo que mi gordito… uf… que con hambre no le haces ascos a nada… El muy perro cachondo seguía desmadejado con medio cuerpo en el suelo y la espalda super arqueada, en una postura que para ...
... mí sería impensable. Ahí descubrí que además de ser flacucho es muy elástico. Con las piernas bien separadas, las rodillas era lo único que apoyaba justo en el límite del colchón. Los empujones de mi nariz y de mi boca prácticamente lo habían echado de la cama por completo. Para poder seguir metiéndole la lengua en el culo, yo mismo me había ido arrastrando centímetro a centímetro. Y ahora mi polla se apretujaba contra la sábana. Aplastada entre los muslos porque el pijama, no del todo subido, no me permitía desjuntarlos. Aquel duro frotamiento, como si me quisiera follar el colchón, hizo que iniciara unas embestidas de lo más gustosas. Y cuanto más gozo me daba en el rabo, más bruscos eran los lametones que Pello recibía en su estrecha fuente de placer. —…oh, sí, gordito… tienes que ser tú… joder, pero qué repaso me estás dando, macho… dime que lo vas a hacer tú… No le pude decir nada porvarias razones. Una: estaba demasiado cachondo y encendido para pensar con claridad. Dos: tenía la boca tan hundida entre sus nalgas, y la lengua tan adentro de su culo, que hablar era físicamente imposible. Tres: si no le había entendido mal, me estaba pidiendo que me lo follase, y aquello me pareció pasarse muchísimo de la raya. Cuatro: pero al mismo tiempo, oírselo casi suplicar con aquellos susurros hizo que mi mente de pajero entrara en combustión espontánea. Y cinco: cuando empecé a correrme, embistiendo la cama como un mulo, el cuerpo de mi hermano acabó por ...