1. El detective ( Vigilando a una joven ) 22 capítulo


    Fecha: 11/05/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: dulceymorboso, Fuente: TodoRelatos

    ... a la otra.
    
    —Me corro, cariño.
    
    —Y yo, Julia.
    
    —Mira… —le dijo entre gemidos mirando hacia el jardín —. Ellos también se están corriendo.
    
    El resto de la tarde transcurrió entre risas, juegos y muestras de cariño entre los cuatro. Cuando veían a Ernesto excitado, enseguida una de las tres se acercaba a él para calmarlo bien con la boca o masturbándolo hasta hacerlo correrse ante la atenta mirada de las otras dos.
    
    Ya estaba anocheciendo. Julia y Marisa estaban abrazadas besándose y Tamara se estaba lavando el pelo con la manguera.
    
    —Míralo —le dijo Marisa a su compañera —. Está excitado mirando a Tamara lavarse el pelo ¿Quieres ir tú a calmarlo?
    
    —Espera. Dejemos que sea ella la que lo haga. Cariño…—llamó a la joven.
    
    —Dime, Julia.
    
    Julia se acercó a ella.
    
    —Mira cómo se ha puesto al verte lavándote el pelo.
    
    Tamara, con el pelo lleno de espuma, miró hacia él y sus miradas se cruzaron.
    
    —Deberías ir tú a calmarlo, mi niña.
    
    Ernesto, con la polla durísima, vio como su chica le aclaraba el pelo a la joven. Al terminar de sacarle toda la espuma, vio como Julia le decía algo al oído y al terminar, la joven se acercó a él.
    
    —¿Está así de dura por mí? —le dijo deteniéndose frente a él.
    
    —Si, Tamara. Me excitó verte lavándote el pelo.
    
    —Me dijo Julia que viniera a calmarle yo.
    
    —¿Quieres calmarme cómo antes? —le preguntó recordando la mamada que le había hecho hacia una hora y media.
    
    —Me gustaría calmarle de otra manera.
    
    —Ah, ¿sí? ¿Cómo ...
    ... quieres calmarme?
    
    La joven, estirando los brazos, apoyó las manos en los hombros de Ernesto y fue agachándose hasta sentir la polla entrar en contacto con su coñito.
    
    —Desde este mediodía deseaba sentirle dentro de mi —le dijo mirándolo ruborizada —¿Quiere que le folle?
    
    —Si, cariño —contestó poniendo las manos en sus caderas —. Fóllame, por favor.
    
    Julia y Marisa miraban excitadas.
    
    —¡Joder! Mira como lo folla —le dijo Marisa.
    
    —Si. Es impresionante.
    
    Abrazada al cuello de Ernesto, Tamara gemía mientras movía las caderas con rapidez. Por fin sentía dentro de su coño a ese hombre y el placer que sentía le hacía morder el hombro de Ernesto para no gritar cada vez que se corría.
    
    —¡Dios! Me vas a hacer correr, mi niña —le dijo él amasándole las nalgas que rebotaban contra sus muslos —. Qué manera de follar, cielo.
    
    —Me encanta sentir su polla dentro de mí. Me corro otra vez, Ernesto.
    
    —Yo también me corro, Tamara.
    
    Por la noche, para evitar tener que decidir con quién dormiría, Ernesto decidió, de acuerdo con su chica, que dormirían juntos y así ni Marisa ni Tamara se sentirían mal.
    
    Cuando los cuatro se fueron para cama, enseguida la casa fue poco a poco invadida por los gemidos cuyos sonidos escapaban por debajo de las puertas de las habitaciones mezclándose en el pasillo.
    
    —Si. Fóllame, mi amor —le pedía Julia mientras sentía como la penetraba con fuerza.
    
    —Oh, mi niña. Lámeme enterita, cielo —rogaba Marisa mientras Tamara le pasaba la lengua por el ...
«1234...7»