1. Trío Familiar: Confesiones de una Hija - Parte 1


    Fecha: 13/05/2026, Categorías: Incesto Autor: LaDiablita, Fuente: TodoRelatos

    El estacionamiento de la universidad estaba casi desierto a esas horas, iluminado solo por las farolas que proyectaban círculos amarillentos sobre el asfalto. Diana Sandoval caminaba con pasos tranquilos, su figura esbelta moviéndose con una gracia natural. El suéter tierra, ceñido a su torso, acentuaba la curva de sus pechos generosos, mientras el vaquero holgado balanceaba su silueta, dando la impresión de una chica que no necesitaba esforzarse para llamar la atención. Sus zapatillas blancas crujían levemente contra el suelo, el único sonido aparte del leve susurro del viento nocturno que jugueteaba con su melena dorada.
    
    "Otro día terminado," pensó, ajustando la correa de su bolso sobre el hombro. Sus ojos azules, claros como el cielo de mañana, escudriñaron el estacionamiento hasta encontrar el auto familiar estacionado cerca de la salida. Dentro, su madre la esperaba, las manos aún en el volante como si acabara de llegar.
    
    —¡Amor! —la voz de su madre, cálida y familiar, la llamó desde la ventana abierta del coche—. Espera un segundo, quiero sacarte una foto aquí.
    
    Diana se detuvo, arqueando ligeramente una ceja, pero esbozó una sonrisa. Su madre era así: capturaba momentos como si fueran obras de arte. Sin protestar, se colocó frente al auto y dándole la espalda a la calle, la luz bañando su piel pálida, y adoptó una pose poco casual. Se colocó en cuclillas, mientras su madre sacaba más de una fotografía.
    
    —Así, perfecto —murmuró su madre, levantando el ...
    ... teléfono—. Eres tan fotogénica, mi niña.
    
    Diana rió entre dientes, pero no respondió. Sabía que su belleza era heredada. Su madre, a sus 42 años, conservaba ese mismo rostro delicado, aunque con unas caderas más pronunciadas y una madurez que añadía elegancia a cada movimiento. Mientras se acercaba al auto, notó el contraste entre ellas: su madre vestía un vestido sencillo pero elegante, preparada para la cena que tenía planeada, mientras ella llevaba la ropa cómoda de una estudiante.
    
    Al abrir la puerta y deslizarse en el asiento del copiloto, el aroma a vainilla del perfume de su madre llenó el espacio.
    
    —¿Todo bien en la uni? —preguntó su madre, arrancando el auto.
    
    —Sí, mami, lo de siempre —respondió Diana, recostándose en el asiento—. ¿Y tú? ¿Nerviosa por la cita?
    
    Su madre sonrió, los labios pintados de un rojo discreto curvándose en una expresión que Diana conocía bien: esa mezcla de emoción y timidez que siempre le daban las salidas con su padre.
    
    —Hace mucho que no salimos solos, tu padre ha estado tan ocupado... —suspiro—. Pero hoy me prometió que sería solo nosotros dos.
    
    Diana asintió, mirando por la ventana mientras la ciudad pasaba en manchas de luz y sombra. "Perfecto," pensó, sintiendo ese cosquilleo familiar en el bajo vientre. La casa estaría vacía. Y ella tendría tiempo.
    
    La llegada a casa fue rápida. Su padre, Cristofer Sandoval, los esperaba en la entrada, ya vestido con una camisa negra que resaltaba sus hombros anchos. Besó a su esposa en la ...
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