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El círculo. Cap.36. El poder es una herida abierta
Fecha: 15/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos
... giró la cabeza, la miró de frente. No sonrió. —¿Dormir bien? ¿Tú crees que alguien duerme bien en medio de una guerra? Isabella se encogió ligeramente en el sofá. No era miedo. Era culpa. Era algo más íntimo, más seco. Hubo un silencio. Largo. La televisión seguía proyectando imágenes sin audio. Valeria se pasó la mano por el abdomen, como quien reprime un bostezo. Luego se incorporó un poco. —Ma. —¿Sí? —¿Tú tienes algo que ver con Darío? Isabella se quedó congelada. El sonido ambiente de la televisión, el tictac lejano del reloj, el crujir de las tablas de madera… todo se volvió más fuerte. Y su respiración, de pronto, se hizo visible, irregular. —¿Qué… qué quieres decir? —balbuceó, sin mirarla. —Lo que oíste. ¿Te estás cogiendo a mi exnovio? El golpe fue sin anestesia. Sin rodeos. Como hablaba Valeria cuando no le quedaba ni tiempo ni respeto. Isabella parpadeó varias veces. Intentó contestar, pero solo salió aire de su boca. Se puso de pie, se llevó las manos a la cara, luego las bajó, caminó unos pasos hacia la ventana y de vuelta al sillón. —Yo… no fue así. No fue planeado. Fue una… una cosa que se dio, que creció, que… —las palabras se caían antes de armarse—. No lo busqué. No fue para hacerte daño. Valeria se mantuvo inmóvil. Solo apretó la mandíbula. —¿Desde cuándo? —Hace unos meses. No sabía cómo decírtelo. No sabía si debía. Yo pensaba que lo de ustedes ya… ya estaba en otro lugar, que ya no importaba… —¿No importaba? ...
... —interrumpió Valeria, casi con asco—. ¿A ti te parece que mi exnovio, que fue parte de mi vida durante mi vida en Puebla, no importa? ¿Y tú, mi mamá, decides... meterte ahí? ¿Con él? ¿Por qué? ¿Te sentiste joven? ¿Bonita? ¿Deseada? ¿Qué te dio? Isabella rompió. Se sentó de nuevo. Lloró. No un llanto histérico, sino uno silencioso, apretado, seco. —Perdóname… Valeria, perdóname… No sé qué hice. No sé en qué momento. Me sentí viva. Me sentí… me sentí querida. Y tú ya no estabas. Ya no vienes. No hablas. No me cuentas nada. Me sentí sola. Valeria se puso de pie. —No me cuentes eso ahora. No me uses como excusa. No soy tu compañera de cuarto. Soy tu hija. Isabella asintió con los ojos rojos, húmedos. —Tienes razón. Tienes toda la razón. Te fallé. Pero no lo hice por maldad. Yo te amo, Valeria. Te amo. Valeria no respondió. Caminó hacia la silla, tomó su bolsa. Se ajustó el abrigo. Le temblaba un poco el labio inferior, pero no iba a llorar. —Te perdono. Isabella la miró, sorprendida. —¿Me… me perdonas? —Sí. Pero no quiero volver a verte. Silencio total. —Desde hoy, se acabó. No me llames. No me busques. No quiero saber nada de ti. No porque no te quiera. Sino porque me rompiste algo que no se va a pegar. Isabella quiso acercarse. Valeria levantó una mano. —No. Por favor. No lo arrastres más. Se dirigió a la puerta. Antes de abrirla, se detuvo. —Primero perdí a mi papá. Porque nunca estuvo en realidad. Pero ahora te pierdo a ti. ...