1. El círculo. Cap.36. El poder es una herida abierta


    Fecha: 15/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... maternidad como destino. Pensaba en herencia como continuidad. Y en la sangre… como estructura.
    
    La pantalla seguía brillando en una esquina. En la pizarra, un nombre tenía un recuadro negro alrededor. DAMIÁN ORTEGA.
    
    Valeria lo miró de reojo, de espaldas al espejo. No había rabia en su rostro. Solo una lucidez quieta. Luego se levantó. Guardó la ecografía. Se cerró la blusa. Y salió de la oficina con paso sereno, sin mirar atrás.
    
    Valeria aceptaba la guerra, la guerra con su propio padre y… ya había puesto su bandera en el futuro.
    
    __
    
    La casa estaba en calma. La clase de calma frágil que sólo ocurre cuando todo lo importante ha pasado y lo que sigue aún no se atreve a manifestarse.Isabella estaba sola en la sala, sentada en el sofá de terciopelo verde oscuro que tantas veces había deseado cambiar pero nunca había podido dejar ir. Tenía una copa de vino a medio terminar sobre la mesa baja de madera, y una vela encendida en una esquina, lanzando sombras suaves en las paredes. La televisión estaba encendida sin volumen, proyectando imágenes inconexas de un noticiario nocturno.
    
    Ximena estaba en su habitación, con la puerta cerrada, música bajita y la luz apagada. Hacía poco más de dos horas que Isabella había visto aDarío, pero eso sólo vivía en la tensión leve de sus hombros, en la forma en que jugaba con sus dedos o cómo se tocaba el cuello con nerviosismo. Aún no había llorado. Aún no sabía si debía.
    
    El reloj marcaba las 10:06 cuando la puerta principal se ...
    ... abrió sin aviso. Solo el sonido de la llave entrando en la cerradura, el giro preciso, y luego la figura deValeria entrando sin prisa, como si aquella casa fuera una estación más en su itinerario. Llevaba un abrigo largo, color mostaza, y una bufanda oscura que se quitó sin mirar a su madre. Se notaba cansada, pero no desgastada.Sólida. Bella. Firme.
    
    Isabella se levantó como por reflejo, dejando la copa a un lado.
    
    —¿Valeria?
    
    —Hola, ma —respondió Valeria sin detenerse. Dejó la bolsa sobre la silla más cercana, se soltó el cabello y se quitó los botines con un movimiento mecánico. Su vientre, aunque aún discreto, trazaba una curva suave que no estaba ahí la última vez que su madre la había visto de cerca. Isabella lo notó. Parpadeó. Pero no dijo nada.
    
    —¿Quieres cenar? Hay sopa de lentejas… todavía está caliente.
    
    Valeria negó con la cabeza, se dejó caer en un sillón individual. Tenía el cuerpo tenso pero el rostro tranquilo.
    
    —No. No me quedo. Sólo… vine a ver cómo estás.
    
    Isabella asintió. Se sentó de nuevo, despacio. Guardó un silencio breve. Luego preguntó:
    
    —¿Y cómo vas tú… con la campaña?
    
    Valeria alzó una ceja.
    
    —¿Con la campaña? Bien. Todo en orden. Cansada, pero… ya casi todo está funcionando por inercia.
    
    —Imagino —dijo Isabella, tratando de sonar natural—. ¿Y César?
    
    —También. Igual de enfocado. Se están alineando muchas piezas. Nos estamos preparando para que nos revienten… pero ya ni eso preocupa.
    
    —¿Y tú… estás durmiendo bien?
    
    Valeria ...
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