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Mi experiencia sexual en la cárcel (1)
Fecha: 16/05/2026, Categorías: Confesiones Autor: Bishops, Fuente: CuentoRelatos
... sacando su mano de mi teta, queriendo aparentar fortaleza –Me desabroché la pollera y me la bajé. La dejé caída entre mis pies. -Ah… sin corpiño, con tanguita de leopardo –me dijo mientras daba una vuelta a mi alrededor. Bueno, ahora necesito que te agaches. No te imaginás cuántas putas vienen acá a ver a sus novios y se meten falopa en el orto. Voy a ser bueno, y voy a dejar que te dejes la tanguita puesta. Agachate. -¿Cómo me agacho? -Agachate, no te hagás la boluda. Tocate la punta de los dedos de los pies, ¿a ver? Mientras lo hacía, sentía su dedo entrar en mi ano; él no movió su mano; la dispuso de tal forma que mi culo llegara a su dedo al agacharme. Tenía las uñas largas y me lastimaba. Jugaba entre el agujero de mi culo y el de mi concha. Estaba realmente transpirada. Su dedo chapoteaba ahí. -A ver si hay algo acá… -y me metió el dedo mayor en la argolla, hasta el fondo, mientras que me pasaba el cular por el ano, haciendo pequeños circulito– Estás toda depiladita, hermosa… No sabés las negras que vienen acá, todas sucias, peludas, olorosas… -Agregó al mayor el dedo anular. El pulgar hacía más presión y me empezó a apretar una teta. -¡Mirá las tetas que tenés! Te las voy tener que chupar todas Estaba agachada. Tenía un pulgar en el culo y dos dedos en la concha que buscaban no sé qué. Tenía una teta siendo aplastada por la mano del petiso. Sabía que era inevitable. Veo que el petiso se empezó a tocar. De hecho, creo que pude ver cómo se sacó la ...
... pija. Ya estaba esperando la estocada cuando, de pronto, alguien quiso abrir la puerta. Estaba cerrada. El petiso hijo de puta la había cerrado. Reconozco que no vi cuándo. Del otro lado intentaron abrirla más de una vez. Después se escuchó una voz: -Segovia, apurate que vino el director. Te está buscando por lo de Cáceres. Segovia, el petiso, absolutamente disgustado, contestó: -Pero qué viejo hincha pelotas. Si ya le pasé el informe ayer. Qué tipo pesado… bueno, decile que ya voy -Apurate, que anda duro. El petiso seguía buscando un tesoro que, estoy segura, pensaba estaba en mi útero. -Mirá de la que te salvaste –me dijo y me dio vuelta. Tenía la pija afuera. Era negra, fea y chiquita. Y no estaba parada. Me agarró de la cara y me pegó con la chota. Después se puso atrás y me lamió todo el culo y la concha. Yo seguía agachada y empezó a pasarme la lengua desesperadamente, bajándola y subiéndola entre mi culo y mi argolla. Agarró una nalga y me la mordió fuerte. Creo que me hizo sangrar. -Dale, ándate. Pasá. Tenés dos horas. Yo estaba llorando, de dolor y de tristeza. Me sentía impotente. Tenía la teta izquierda totalmente chamuscada por la mano del petiso, que me había impreso su dentadura en una nalga. Pensé en irme. Pero pensé, también, que si me iba, todo eso habría sido en vano. Me dejé manosear, tocar y chupar por un enano impotente, que no le daba la nafta para coger. Así que me compuse. No tenía un espejo, pero me miré con el celular. Me saqué ...