1. Siempre en Marcha Parte 4


    Fecha: 17/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... apretó. —¿Vamos a estar bien, mamá? Lorena sonrió, pero sus ojos no acompañaban la curva de sus labios. Miró a Samuel. Miró a Andrea. —Eso depende de todos. Y del silencio que seamos capaces de romper… sin miedo. Andrea cruzó las piernas sobre las de Samuel y acomodó los brazos sobre su regazo. No era un gesto provocador, pero sí profundamente humano: de alguien que necesita afirmarse en el cuerpo del otro para no desmoronarse. Samuel no hizo nada para moverla, aunque su respiración se volvía menos constante. Lorena respiró hondo. Como si lo que venía fuese aún más difícil de pronunciar. —Anoche, en el club… hubo una fiesta —empezó, y sus ojos se perdieron un momento en el vacío—. No era una celebración, exactamente. Nunca había asistido a algo así allí. Una reunión privada. Solo unos pocos. Ernesto… él tenía todo calculado. La música suave, las copas llenas, las miradas que pesan. Y esos cuerpos… —hizo una pausa, tragando saliva—. Esos cuerpos que nos tocaban con hambre. Andrea desvió la mirada. Samuel sintió un leve temblor en sus muslos. Ella se acomodó sin decir nada, como quien quiere desaparecer pero no puede. —Había otros, pero no como nosotras —continuó Lorena—. Las demás Mujeres no participaron. El sexo allí no fue solo sexo. Era un intercambio. Un ritual de poder. Andrea continuó —Te despojaban del miedo, primero me dejaron ver, luego me dijeron lo que tenía que hacer, y al final… me entregué. Samuel levantó la cabeza, interrumpiéndola por primera vez. —Sí… —dijo, ...
    ... arrugando la nariz levemente—. Hueles a alcohol, a licor dulce. Distinto. Lorena no se sorprendió. Asintió. —Nos ofrecieron vino, whisky, ginebra… pero no era solo para brindar. Era para adormecer. Para relajar lo que el cuerpo se negaba a entregar por completo. No te obligaban —miró directamente a Samuel—, pero sabían cómo empujarte. Cómo hacerte sentir elegida… incluso si eso significaba entregarte. Andrea murmuró entonces: —Todo era hermoso… pero era como estar atrapada en una vitrina. Nos miraban como si no fuéramos personas. Solo cuerpos. Y cuando la música subía y la habitación donde habíamos estado se abrió, el silencio se volvía más pesado que el ruido. Samuel se quedó quieto. La escuchaba, pero no podía mirarla. —No queríamos que lo supieran —dijo Andrea, ahora más firme—. Ni tú, ni Lucas, ni Mateo, ni Sofía. Porque allá dentro se mezclaba el miedo con la excitación. Porque también nos reímos, también nos tocamos… también sentimos algo que no debería doler, pero dolía. Lo peor —hizo una pausa, su voz temblaba apenas— es que una parte de mí quiso quedarse. Samuel apretó los puños sin apretarla a ella. No sabía si dolía más imaginarla allí o entender que no fue forzada. Que lo eligió. Que tal vez lo disfrutó. Y eso lo desconcertaba más que cualquier otra cosa. Lorena los miró a ambos, con los ojos llenos de una tristeza antigua. —No me perdono. Pero no puedo mentirme. Ni a ustedes. Solo quiero que entiendan que, incluso en la oscuridad, yo creí estar eligiendo lo mejor ...
«12...567...18»