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Siempre en Marcha Parte 4
Fecha: 17/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... para ustedes. Lucas, sin comprender del todo, apoyó la cabeza en el hombro de su madre. No necesitaba entenderlo todo. Solo quería que siguieran siendo una familia. El silencio era denso. Andrea seguía sentada sobre Samuel, como si sus piernas fueran el único suelo seguro en medio de lo que estaba por decir. No se movía, no parpadeaba demasiado. Pero algo en sus ojos había cambiado: ya no pedían permiso para hablar. —Yo… —empezó con voz firme, aunque baja—. Lo que más me sorprendió esa noche no fue el lujo del lugar, ni la música, ni siquiera las miradas. Fue lo que sentí dentro de mí. Lo que me pasó por la mente cuando los vi a ellos… tan seguros, tan conscientes de su poder. Hizo una pausa. Samuel notó que Andrea estaba más erguida ahora. Como si hablar fuera su única manera de protegerse de lo que recordaba. —Estaban ahí, caminando entre nosotras, como si fuéramos parte del mobiliario. Nos miraban como si supieran todo de nuestros cuerpos. Estaba desnuda ante demasiadas personas. Y yo… no me sentí exactamente asustada. Sentí curiosidad. Sentí vergüenza. Pero también sentí deseo. No sé cómo explicarlo sin que suene mal. No fue que me obligaran, no fue que me forzaran… pero todo en ese ambiente estaba hecho para que una dijera que sí. Para que pareciera natural ceder. Lucas bajó la cabeza, confundido. No entendía del todo, pero podía ver que su hermana hablaba desde una parte muy profunda. Andrea continuó: —Había algo en ellos… no en todos, pero sí en algunos. Una forma de ...
... acercarse, de tocar, de mirar. Y cuando el cuerpo responde… cuando te das cuenta de que no todo te repugna, que una parte de ti quiere saber cómo se siente… te invade la culpa. Me sentí sucia. Me sentí dividida. Porque había momentos en los que quería irme, pero también hubo momentos en los que me dejé llevar. El calor, las caricias, la forma en que sus penes entraban en mí… me confundieron. Mucho. Se giró un poco, lo justo para poder mirar a Samuel, sus rostros a escasos centímetros. —Yo sé lo que estás pensando. Que soy una puta. Una zorra. Y la respuesta es que si lo soy. Solo sé que… sentí cosas. Que hubo placer. Que hubo una parte de mí que se sintió vista, deseada… aunque fuera por las razones equivocadas. Lorena, que la escuchaba sin intervenir, tenía las manos entrelazadas. Sus nudillos blancos de tanta presión. Sabía que esas palabras eran necesarias, aunque desgarraran. Andrea inclinó la cabeza por un momento. Y murmuró sobre los labios de su hermano, colocando una mano en su mejilla: —No puedo borrar lo que pasó. Ni siquiera quiero mentirme y decir que todo fue una pesadilla. Fue real. Fue turbio. Pero también fue humano. Y eso es lo que más duele. Samuel tragó saliva. Su hermana ya no era solo la Andrea que él protegía. Era una mujer marcada por un momento que la había atravesado por dentro. Y ahora, al compartirlo, no pedía permiso. Solo pedía que no la abandonaran por lo que había sentido. Ernesto había planeado todo. Cada conversación, cada mirada, cada silencio ...