1. Mala sindicalista: Con mi jefe


    Fecha: 18/05/2026, Categorías: Confesiones Autor: Contradictoria, Fuente: TodoRelatos

    ... su matrimonio follándome al calvo de su marido, que estaba claramente necesitado de un revolcón con la niñata intransigente de 24 años que la chupa como Dios.
    
    Cintia no era tonta y se dio cuenta. En general, la presencia de las sindicalistas en la oficina de los jefazos, donde tuvieron que instalar el local sindical tras varias peleas en Inspección de Trabajo, había alterado la paz de algún que otro matrimonio.
    
    A pocos meses de empezar mi “legislatura”, con un ambiente laboral muy caldeado bajo la amenaza de un ERTE, nada tardó en llegarme un aviso de recursos humanos para una reunión.
    
    A la mañana siguiente, en una sala transparente, como en un ejercicio de poder ante las miradas expectantes de mis explotados compañeros, Cintia, embutida en un costoso traje y separada de mí por un frío escritorio blanco, lanzó ante mis ojos un papel: "Sanción leve por violar el código ético".
    
    Me quedé de piedra porque soy diligente y seria, muy responsable en mis puestos de trabajadora y de sindicalista, pero aquella tensión se disipó al leer "varios testigos anónimos la han visto realizar tocamientos a un compañero de trabajo y entrar con el mismo al cuarto de baño de hombres para realizar actos obscenos".
    
    Por mucho que Cintia amenazase con tener pruebas, todo aquello era una vil falacia. No obstante, aquello me sirvió para ganarme una reputación injusta, pues yo soy veinte veces más puta de lo que decía ese papel, pero ni en sus fantasías más retorcidas podían ...
    ... imaginárselo.
    
    Para desahogarme de la rabia causada por la calumnia, ese mismo día me cogí horas sindicales, que hasta entonces siempre había utilizado legítimamente, y me fui a mi casa.
    
    Cuando llegué, me desnudé entera, ciega de ira, y observé en el espejo el reflejo de mi cuerpo: proporcionado, caderas marcadas, ni un gramito de grasa en mi tripa, mis músculos de la pelvis con dos líneas bien dibujadas hacia mi pubis, con su vello cortito y cuidadosamente recortado. Mis clavículas marcadas conducían con sus líneas hacia mis pequeñas tetas, bien esbeltas y tersas, que rodeaban mis pezones grandes e hinchados.
    
    Fui a mi habitación, me tumbé encima de la cama y me acaricié entera hasta chuparme los dedos mientras pensaba en cómo el calvo de Juan, tan podrido de dinero, como frustrado y fracasado, me follaba por el culo hasta dejármelo blanco por dentro.
    
    Y mientras me masturbaba, irrefrenable e imperturbable en la soledad de mis fantasías, gritaba que me lo diese todo, que me la metiese entera, que me escupiese en la cara. Hijo de puta, que me hiciese todo lo que esos ojos soñaban con hacerme en los pasillos de la oficina. Se iba a enterar bien de lo guarra que puedo ser.
    
    Me corrí en un intenso orgasmo, grité el nombre de ese infame perdedor y, nada más terminar, cogí la aplicación de fichaje del móvil y desfiché mi jornada, para culminar aquel acto impúdico e inmoral con la constancia de que me habían pagado por ello.
    
    En los días siguientes, redacté con mi brillante manejo de ...
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