1. Manuel y la Terapia de Vicio


    Fecha: 21/05/2026, Categorías: Gays Autor: GTor0, Fuente: TodoRelatos

    Soy Manuel, 62 años, un viejo gordo con una barriga que desborda el cinturón como un saco de harina, un pecho cubierto de canas grises que parecen alambre y una espalda que cruje con cada paso. Mi matrimonio con Ana es una cáscara vacía: desayunos de café amargo donde apenas cruzamos miradas, tardes de silencios que pesan como losas y noches donde su cuerpo, envuelto en un pijama de algodón descolorido, yace a mi lado como un mueble olvidado. Hace años que no follamos, ni un beso con lengua, ni una caricia que despierte algo. Su coño, que alguna vez me volvió loco, es un recuerdo borroso, mientras mi polla, antes flácida y muerta, ahora palpita con un vicio que me consume. Saunas, baños públicos, hoteles cutres, orgías con osos y trans: pollas gruesas en mi boca, culos peludos abriéndose para mí, semen chorreando por mi cara y mi culo. Después de esa noche en la Cueva del Oso, donde me ataron, me fustigaron y me follaron hasta dejarme temblando, volví a casa oliendo a cuero, sudor y alcohol, con el culo ardiendo y los calzoncillos empapados de lefa.
    
    Esa noche, Ana me esperaba despierta, sentada en el sofá del salón, con los brazos cruzados y una cara que mezclaba preocupación y rabia. La luz tenue de la lámpara hacía que sus ojos brillaran con algo que no era solo enfado, sino miedo. "Manuel, ¿dónde coño has estado? Son las tres de la mañana, llegas oliendo a alcohol y a... no sé, algo raro, como a perfume barato o sudor. ¿Estás metido en drogas? ¿Te has vuelto un ...
    ... borracho?" espetó, su voz temblando, las manos apretadas contra el pijama. Me quedé parado en la puerta, el corazón latiéndome fuerte, mi polla todavía sensible bajo los pantalones, el culo dolorido de las dobles penetraciones. Intenté disimular, con la voz más calmada que pude: "Solo unas cañas con Raúl, Ana, nada más. Se nos fue la hora." Pero ella no tragó, sus ojos me taladraban. "Llevas semanas así, Manuel. Sales cada dos por tres, vuelves hecho una mierda, oliendo raro. Estoy preocupada, joder. ¿Qué te pasa? No puedo seguir viviendo así, pensando que te estás destruyendo. Propongo ir a un psicólogo, o mejor, a terapia de parejas. Necesitamos ayuda."
    
    Me quedé mirándola, fingiendo culpa, pero mi mente ya estaba en otra parte. Un psicólogo... un terapeuta... joder no necesitaba eso, y menos que me trataran de convencer que dejara todo, yo solo queria mas mas pollas mas lefa. Joder, el vicio me cegaba, convirtiendo su preocupación en una oportunidad para más. "Vale, Ana, si te hace sentir mejor, vamos," dije, bajando la mirada, pero por dentro mi polla dio un respingo. Sabía que podía girar esto a mi favor, usar la terapia como excusa para ir a las Saunas frecuentemente. Ana asintió, aliviada, sin sospechar que estaba abriendo una caja de Pandora.
    
    A la semana siguiente, Ana concertó una cita con un psicólogo en un centro pijo de Madrid, cerca de Chamberí. El tipo se llamaba Diego: unos 45 años, alto, moreno, con una barba recortada que le daba un aire de profesor sexy, ojos ...
«1234»