1. Manuel y la Terapia de Vicio


    Fecha: 21/05/2026, Categorías: Gays Autor: GTor0, Fuente: TodoRelatos

    ... oscuros que parecían leerte el alma y un cuerpo que se adivinaba firme bajo una camisa ajustada. La primera sesión fue individual, para "evaluar mi problema". Entré en su consulta, un despacho con un sofá de cuero marrón, una mesa con plantas y un olor a incienso que intentaba calmar, pero que solo avivaba mi deseo. Me senté, cruzando las piernas para disimular la erección que ya crecía. Diego se apoyó en el escritorio, mirándome con calma. "Cuéntame, Manuel, ¿qué te trae aquí? Ana dice que estás distante, que sales mucho, que vuelves oliendo raro. ¿Qué está pasando?" dijo, su voz suave pero firme, su pantalón marcando un bulto que me hizo salivar.
    
    Le solté una historia a medias: estrés de trabajo, insomnio, salidas para "desconectar con amigos". Pero Diego no era idiota. Sus ojos se clavaron en mí, y una sonrisa torcida apareció en su cara. "Hay algo más, ¿verdad? ¿Adicciones? ¿Alcohol, drogas... sexo, quizás?" preguntó, inclinándose hacia mí, su mano rozando mi rodilla. Mi polla se endureció del todo, traicionándome. "Tal vez... algo de sexo," murmuré, y él no se inmutó. "Interesante. Muchos hombres maduros descubren deseos reprimidos a tu edad. Bisexualidad, fetiches. ¿Quieres contarme?" dijo, y su mano subió por mi muslo, deteniéndose cerca de mi entrepierna. Joder, era gay, o bi, y un vicioso como yo. No lo pensé: me arrodillé frente a él, bajándole la cremallera con manos temblorosas. Su polla saltó libre: gruesa, venosa, con huevos peludos que olían a hombre puro. ...
    ... La chupé despacio, lamiendo la punta, saboreando el precum salado, metiéndomela hasta la garganta. Arcadas subieron, saliva goteando por mi barbilla, pero seguí, tragando más, mi lengua rodeando el glande mientras él gemía. "Joder, Manuel, qué boca tienes," gruñó, agarrándome el pelo canoso, follándome la cara con embestidas lentas.
    
    Diego no solo me dejó chupar; se inclinó sobre mí, sus manos bajando a mi culo, apretándolo a través de los pantalones. "Puedes seguir con tu vicio, Manuel. Solo hay que ser listo. Di a Ana que son salidas terapéuticas, que estás trabajando en ti. Yo te cubro," dijo, mientras me metía un dedo lubricado por la saliva en el ano, haciéndome jadear. Me puso contra el sofá, bajándome los pantalones, y me folló: su polla entrando profunda, el dolor inicial convirtiéndose en placer puro, mi barriga rebotando con cada embestida. "Eres una puta viciosa, ¿eh? Te gusta esto," gruñó, corriéndose dentro de mí, semen caliente llenándome el culo, goteando por mis piernas. Yo me corrí sin tocarme, eyaculando sobre el cuero del sofá, mientras él susurraba: "Sigue yendo a saunas, pero usa colonia después, no semen. Lleva a Ana a una sesión light, hazla sentir que mejoras." Se corrió de nuevo en mi boca, lefa espesa que tragué, ahogándome en el sabor amargo, mientras planeábamos cómo mantener mi doble vida.
    
    La terapia de parejas fue con otro: Sergio, un terapeuta de 50 años, un oso como yo, con barriga firme, pecho peludo que se adivinaba bajo una camisa blanca ...