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Mis dudas sobre Adriana (capítulo 4)
Fecha: 21/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: ArturoFish, Fuente: CuentoRelatos
Yo era la mosca en la leche y, aparte tenía la suerte del subsidiado, yo era el que recibía las vaciadas, los reproches y las picaduras de los mosquitos; los demás se bronceaban mientras a mí el sol me quemaba y me dejaba manchas rojas en mi piel pálida; los demás lucían sus vidas como de revista mientras yo lucia mi vida como el barrendero que tenía que limpiar el desorden después. Tal vez por eso Adriana me estaba echando inconscientemente a un lado, porque entendía que mi sitio no era con ellos y que ese baile no era el mío; para ellos existía la discoteca y para mí la cantina de borrachos. Cuando comenzaron a jugar a la pelota, me paré y me fui a buscar algo de mi altura, algún trapero o algunos calzoncillos para lavar que me distrajeran mientras ellos se divertían. Lo peor fue que se volvió cierto porque a los pocos minutos vi como Gabriela salía de la piscina y prendía la música mientras el resto aplaudían y celebraban ¡Valía más un puto parlante que yo! A eso de las doce decidí darle una vuelta a la quinta, a familiarizarme con ese lugar tan lujoso para mí como extraño, quería por lo menos saber cómo era antes de que me sintiera menospreciado por todos sus detalles. Me metí a los cuartos. El cuarto de Sebastián y Julieta estaba completamente desordenado (y eso que apenas había pasado una noche), las sábanas revueltas, un par de latas de cerveza por el suelo, la ropa regada por todas partes y la tanga sucia de Julieta en un rincón de la cama. Miré atrás para ...
... saber si alguien estaba cerca, no había nadie, estaban gozando y riendo afuera. Agarré esa minúscula tanga con los dedos y con mucho cuidado me la llevé a la nariz. El aroma era de un coño joven, de las vitaminas de un corazón que latía a mil, de ese culito apretado que danzaba por ahí. Me la imaginé empelota, sin tanga ni nada, me la imaginé quitando esa prenda, ofreciéndose a su amante para que se la comiera; me la imaginé en cuatro patas mientras Sebastián le daba duro por detrás, me imaginé ese coño abriéndose y cerrándose a cada empujón. Volví a oler su tanga, si, olía a hembra, olía a sexo, olía a corrida, olía a que había pasado una noche tirando como perra y olía a que lo había gozado. Su aroma era dulce, delicado, pero presente, tan presente como ese par de tetas que me estaban volviendo loco. La dejé por ahí, no era suficiente para ameritar una paja y menos para justificar mi ausencia durante tanto tiempo. Salí aun impregnado de su fragancia y de su deseo. Con disimulo fui a la cocina y me asomé por la ventana. Todos me saludaron desde la piscina mientras yo les dibujé mi mejor sonrisa, el crimen perfecto. Rápido ellos volvieron a lo suyo, a sus juegos y yo también a lo mío. Con mucho cuidado, siendo muy sigiloso, entré al cuarto de Mauricio y de Gabriela, se notaba su rutina, se notaban sus tiempos y sus edades, la cama estaba tendida, las maletas estaban acomodadas, la ropa estaba en el armario y no había más cosas que las necesarias por ahí. Se notaba la ...