1. Mis dudas sobre Adriana (capítulo 4)


    Fecha: 21/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: ArturoFish, Fuente: CuentoRelatos

    ... experiencia, esa que dice que hay demasiado tiempo como para hacerlo todo en un solo día, había calma, había proceso, había método. Encontré la pijama de Gabriela, miré por encima y no encontré sus interiores, tampoco se trataba de buscarlos, con la pijama sería suficiente, era ligera, seguramente comprada para la ocasión, se veía nueva, apenas con el uso de la noche anterior, la blusa era una simple camiseta sin mangas y el pantalón un short que le cubriría el culo y poco más. Lo alcé con ambas manos contra la luz y me pareció notar algo en su entrepierna, una pequeña manchita, diminuta, pero suficiente para mis momentos. De nuevo miré a la puerta, nadie estaba detrás mío, ellos seguían afuera gozando y jugando, al igual que yo.
    
    Acerqué el short a mi nariz ¡Si, era lo que esperaba! Una manchita provocada por su sexo lubricado. Seguramente habían follado esa misma mañana, se notaba la frescura de la evidencia, incluso algo húmeda todavía. Gabriela olía más a mujer, a experiencia, a costumbre, se notaba que —aunque no parecía tan loca como las otras— si se había comido a más machos que solo Mauricio, se sentía ese olor amargo de sus decepciones y ese deseo expuesto de sus buenos polvos; su aroma se mezclaba con su fragancia frutal, no era una fragancia pura como la de Julieta sino que su aroma estaba mezclado con su perfume, aun así, olía a maravillas, olía a que se quedaba satisfecha después de un polvo pero no extasiada, no saciada, olía a que le faltaba un poquito ...
    ... para ser feliz, para llegar a tocar el cielo; tal vez por eso se quitaba el brasier y luego se lo volvía a poner, porque le daba pena consigo misma aceptar su nuevo limite; olía a que se controlaba, a que todo en su vida tenía un método.
    
    Me la imaginé tirando con Mauricio, primero suave, muchos besos, mucho juego, poco instinto, poca locura, me imaginé sus tetas un poco morenas y sus pezones más oscuros, duros, tiesos. Me la imaginé chupando vergas, despacio, acomodando su lengua al grosor de su invitado. Me la imaginé cabalgando, poniendo en práctica las horas de gimnasio y la rutina de piernas que hacía tan bien, debía ser delicioso tenerla encima, moviendo ese culo como si se tratara de una máquina automática que entraba y salía sin detenerse, con una constancia de profesionales. Me la imaginé en mil posiciones ¡Sí! Ella era de posiciones, ella era de métodos, de manuales, de pasar de chupar vergas a recibirlas con las piernas abiertas, de cabalgar a estar en cuatro patas, de estar de pie a estar sentada, de devorarse ese semen hasta sentirse agotada. Me la imaginé tragando, saboreando la leche de mi colega. La verga me dio un salto, la verdad, Gabriela olía mejor que Julieta, me gustaba más, me atraía más su flujo líquido y sus manchas descaradas, me imaginaba todas sus tangas mojadas, sucias, avergonzadas después de las locuras, pero sin llegar a arrepentirse.
    
    Ahora si me dieron tremendas ganas de pajearme, de sacármela ahí mismo y acompañar mi ritmo con su intenso ...
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