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Puerquita
Fecha: 25/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos
... olvidado: era un relicario. Los sábados ya no eran trámites: Mientras los niños veían películas en el piso de abajo, ellos subían "a descansar". La puerta se cerraba con llave. —¿Te duele todavía?— él murmuraba, mordiendo el moretón que le había dejado el cinturón. —Solo cuando no me tocas, Amo— ella respondía, y su mano bajaba hacia su entrepierna con una sonrisa que no era de esposa. No siempre usaban la máscara. A veces bastaba una palabra: —Oink— susurraba Luisa en su oído mientras pelaban papas. Mario dejaba caer el cuchillo. Otras veces, un gesto: En medio de una cena familiar, él pasaba la mano bajo la mesa y rozaba su muslo interno, lento, posesivo. Ella ahogaba un gemido en la servilleta. Los niños no notaban nada. La máscara solo salía cuando estaban solos. Cuando la casa quedaba vacía, la desenterraban. Ya no era plástico barato: era su segunda piel. —Ponte a cuatro patas, Puerquita— ordenaba Mario, y Luisa gruñía mientras arrastraba las manos por la alfombra. La bestia no duraba toda la noche ahora. Solo lo necesario para recordar quiénes eran debajo de los disfraces de adultos. … El parque abandonado olía a tierra húmeda y malebra podrida. La luna, llena y gélida, filtraba su luz entre los árboles retorcidos como huesos. Luisa llevaba el traje completo ahora: no solo la máscara, sino un mono rosado de felpa destellido, una cola de alambre forrado, y pezuñas de goma que resonaban sobre el asfalto agrietado. —¡Corre, Puerquita!— rugió Mario, ...
... blandiendo una vara de sauce que había arrancado de un matorral. Su voz retumbó entre los columpios oxidados. Ella corrió. No como una mujer, sino como una bestia acorralada: a gatas, gruñendo, con la cola temblando entre las nalgas. La felpa se enganchó en zarzas, las pezuñas resbalaron en el barro. ¡CRACK! La vara le azotó los muslos. —¡Más rápido, cerda!— Luisa chilló, un ¡OIIINK! estridente que espantó a los insectos del lugar. Pero entre el dolor, rió. Una risa jadeante, salvaje, que se mezcló con el sonido de la próxima embestida. ¡CRACK! En las costillas, a través de la felpa. ¡CRACK! En la curva del culo, levantando polvo rosado. Corrieron entre los esqueletos de los juegos infantiles: Rodando por el tobogán cubierto de musgo, él montado sobre ella, mordiendo el plástico de la máscara. Tropezando frente al carrusel fantasma, donde la vara silbó como un látigo de domador. Huyendo hacia el bosquecillo de pinos, donde las ramas bajas arañaron el disfraz. Hasta que Luisa cayó. Un hoyo escondido bajo hojas secas, donde se lastimo el tobillo, y la Puerquita se desplomó entre raíces. Mario se detuvo, jadeante, la vara levantada como un cetro perverso. —¿Te rindes?— escupió, los ojos brillando en la oscuridad. Ella intentó arrastrarse, pero el dolor la paralizó. Solo atinó a gruñir, débilmente: —Oink... Fue entonces que la vara cayó sin piedad. ¡CRACK! En la espalda. ¡CRACK! En los hombros. ¡CRACK! En las nalgas, una y otra vez, hasta que la ...