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La culpa fue de mis primas parte 2
Fecha: 25/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos
... hacía. Estaba prácticamente fuera de mis casillas. No sabía qué me estaba pasando, pero me gustaba. El sonido de la respiración agitada de mi prima Rocío y el ruido chapoteante que hacía su coño bajo la caricia de sus dedos contribuía a darle a todo aquello un aire perverso que me fascinaba. -Ahora date la vuelta y ábrete la blusa. Obedecí. -Ahora ponte a cuatro patas. Obedecí. -Ahora di que eres una puta. Callé. Pensé en cruzarle la cara a aquella descarada, pero no lo hice. Me quedé quieto, el corazón a mil por hora, esperando no sé el qué. -He dicho que digas que eres una puta guarra. Vi que Catalina se había metido la mano dentro del pantalón desabrochado y también se estaba masturbando. Me latían las sienes con tal fuerza que creía que me iba a desmayar. -Que digas que eres nuestra puta zorra. Obedecí. Obedecí en todo. Me coloqué en todas las poses provocativas imaginables. Me incliné hacia adelante pellizcándome los pezones. Me puse a cuatro patas enseñando el culo y palmeándome las nalgas. Me chupé el dedo como si fuera una polla, o como yo me imaginaba que se haría eso más o menos. Hice un estriptis torpe para ellas. Me dejé dar azotes en el culo. Repetí con voz jadeante todos los insultos que me lanzaban. “Soy vuestra puta guarra”. Mientras ellas se sobaban el coño como posesas, babeando de placer y mirándome con ojos fieros. “Soy una zorra que voy con todos”. Mientras mi polla palpitaba pugnando por romper las bragas. ...
... Mientras me moría de la calentura sintiéndome un juguete a merced de los caprichos de aquellas dos pervertidas. “Estoy para que hagáis conmigo lo que queráis”. Mientras el aire viciado de la habitación se espesaba con la peste a pescado de sus coños empapados, mi presemen que empapaba las bragas y el sudor de los tres y yo me sentía a un tiempo humillada y elevada, el culo del mundo y el centro del universo, la última de las putas del arroyo y la primera de las reinas sobre la faz de la tierra. Es difícil de explicar pero quien probó alguna vez esa sensación sabe de lo que hablo. Y sabe que no hay nada que se le compare. Por eso, a pesar de mi vergüenza y de mi asombro, obedecí. Obedecí en todo. -Ahora vete y le comes el coño a Rocío. Casi me echo a llorar de la emoción. No era la primera vez que me comía un coño tampoco, pero le tenía tantas ganas a aquella almeja que me abalancé sobre ella como una fiera hambrienta y empecé a lamerlo y besarlo con tal ansia que casi me ahogo. Rocío se agitaba y gemía como una loca, me agarraba del pelo y empujaba su chocho contra mi cara sin dejarme apenas respirar. Los rizos de su vello púbico me acariciaban la cara y se metían por mi nariz, inundándome con el olor a marisco de su vagina, su flujo me empapaba las mejillas, la barbilla, la lengua, su clítoris estaba tan inflamado que casi parecía una pequeña polla palpitante, sus labios vaginales habían duplicado prácticamente su tamaño y estaban tan calientes como las ...