1. A los Pies de Jennifer II: Confesiones


    Fecha: 25/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: luciamg, Fuente: TodoRelatos

    ... deliciosa.
    
    —Eso es, Hugo. Un pringado de veintidós años, de rodillas, besando las piernas de su psicóloga como un perro agradecido.
    
    Hugo cerró los ojos, ardiendo de vergüenza, pero la dureza en su entrepierna lo traicionaba.
    
    —No cierres los ojos. —Jennifer le tomó la barbilla con dos dedos y lo obligó a mirarla desde abajo—. Quiero que me mires mientras aceptas lo que eres.
    
    —¿Qué… qué soy? —balbuceó él, temblando.
    
    Jennifer sonrió con calma, cruel y luminosa.
    
    —Mi juguete de obediencia.
    
    El aire se le cortó.
    
    —Repítelo.
    
    —Soy… su juguete de obediencia.
    
    —Otra vez.
    
    —Soy su juguete de obediencia.
    
    Jennifer asintió, satisfecha, y soltó su barbilla despacio.
    
    —Muy bien. Ahora ya lo has dicho. Y cuando se pronuncia en voz alta, deja de ser una fantasía: se convierte en verdad.
    
    Hugo jadeaba, con el pecho subiendo y bajando como si hubiera corrido una maratón.
    
    Jennifer, de pie frente a él, apoyó una mano en su cabeza y presionó suavemente, obligándolo a inclinarse de nuevo hacia su muslo.
    
    —Besa.
    
    Hugo obedeció.
    
    —Otra vez.
    
    Obedeció de nuevo, más arriba.
    
    —¿Lo ves, Hugo? —Jennifer bajó la voz, un susurro venenoso—. Estás exactamente donde debes estar: de rodillas, con la boca en mis piernas, confesando que eres mío.
    
    Las palabras lo atravesaron como un rayo. Por primera vez, comprendió que no era solo un juego, ni un experimento. Era un pacto silencioso: él había aceptado pertenecerle.
    
    Jennifer retiró la mano y se recostó contra ...
    ... la butaca, triunfante.
    
    —Perfecto. Ya no eres solo un paciente. Eres mi sumiso. Y como tal, tu valor está en obedecer.
    
    El reloj en la pared siguió su curso, indiferente. Pero para Hugo, el tiempo se había detenido: solo existía ella, su voz, y esa sumisión que ya no podía deshacer.
    
    Hugo seguía de rodillas, con los labios aún marcados por la tela de la media de Jennifer. El rubor en su piel era insoportable, pero lo peor era la presión en su entrepierna: cada segundo retenido lo hacía sentir que iba a explotar. La frustración era insoportable, y aun así… deseaba más.
    
    Jennifer lo miraba desde arriba, erguida, con esa serenidad cruel que le era natural. Se acomodó de nuevo en la butaca, cruzó las piernas con calma y habló con tono bajo, pausado, como si cada palabra cayera con el peso de una sentencia.
    
    —Muy bien, Hugo. Ya has confesado que eres mi juguete de obediencia. Ahora quiero ver hasta dónde llega tu entrega.
    
    Hugo tragó saliva, la voz le temblaba.
    
    —¿Qué… qué quiere que haga?
    
    Jennifer sonrió apenas.
    
    —Tócate otra vez.
    
    El corazón de Hugo dio un vuelco. Obedeció, bajó la mano temblorosa hasta su erección y la rodeó con los dedos. Jadeó al primer contacto, como si el simple roce fuera demasiado después de tanta prohibición.
    
    —Lento. —Jennifer marcó el ritmo con voz firme—. Muy lento.
    
    Hugo obedeció. La mano se movía despacio, casi torturándolo, mientras su respiración se volvía cada vez más irregular.
    
    —Mírame. —El dedo de Jennifer se alzó ...