1. Esa no es tuya


    Fecha: 26/05/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: bargan, Fuente: CuentoRelatos

    Se despertó con la sensación de haber dormido más horas de lo habitual, de haber descansado profundamente. Poco a poco se fue desperezando, y lo primero que hizo fue comprobar si Jorge estaba junto a ella. Efectivamente, era más tarde de lo normal. Su marido no estaba, y el sol incidía sobre la pared situada frente a la ventana, entrando por una pequeña rendija de la persiana que no acababa de cerrar bien. Los recuerdos de la noche anterior se agolparon de repente en su cabeza: cómo se abandonó al placer, cómo se había comportado de una manera que jamás se hubiera imaginado, cómo tomó la iniciativa y fue poseída por dos hombres, cómo Jorge la observaba mientras David la hacía suya… David.
    
    No sabía exactamente qué sentía. Amaba a su marido, pero David le gustaba. ¿Y cómo no le iba a gustar? Alto, guapo, musculoso… Y follaba muy bien… ¿Follar? ¡Qué expresión! Ella nunca la utilizaba, pero lo había hecho la noche anterior, y ¡de qué forma! De pronto se acordó que aun tenía el semen de ambos machos dentro de ella, pues aunque se duchó, evitó lavar su intimidad. Levantó la sábana e introdujo un par de dedos en su vagina, notándola aun empapada, lubricada… Y las sensaciones de la noche anterior volvieron a ella como una oleada de calor que recorrió su cuerpo por completo.
    
    Recordó cómo David le ofreció una degustación de la mezcla del esperma de sus dos amantes, y sin pensarlo, acercó sus dedos a sus labios, encontrándose con su lengua asomando entre ellos. El sabor de la ...
    ... humedad era inequívoco: la semilla de Jorge y David aún estaba dentro de ella. Al momento, toda esa oleada de calor se agolpó en su sexo, y no pudo evitar excitarse y llevar sus dedos al clítoris. Comenzó a acariciarse en círculos, abriendo ligeramente sus piernas.
    
    Con su mano izquierda tiró de las braguitas hacia abajo hasta dejarlas a la altura de las rodillas, y luego subió su camiseta por encima de los pechos, dejándolos al descubierto para poder juguetear libremente con los pezones, que empezaban a endurecerse por momentos. En su mente se dibujó entonces una escena de la noche anterior: mientras hacía suyo el pene de David, Jorge se masturbaba de pie en el quicio de la puerta del dormitorio, puerta que estaba contemplando en ese mismo instante. Retiró momentáneamente sus dedos, y con ambas manos se quitó primero las braguitas y luego la camiseta, quedando completamente desnuda.
    
    Se giró hacia la derecha y abrió el primer cajón de la mesilla de su marido, donde guardaban el consolador, su juguete nocturno, su cómplice. Lo miró divertida, y pensó que efectivamente, tal y como Jorge dijo, la de David era aún mayor. No se entretuvo más, y agarrándola de los testículos se la introdujo con facilidad. Cerró sus piernas y de nuevo comenzó a acariciar su clítoris, esta vez con más presión. Una vez más recordó escenas de la noche anterior, y su excitación fue en aumento. “¡Fóllame!”, llegó incluso a ordenarle a David. ¡Ella, la recatada Lidia! No se lo podía creer, pero era ...
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