1. Las perversiones de mi hijo. Capítulo 1


    Fecha: 26/05/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... Profesoras, y ese tipo de cosas. —¿Profesoras? ¡Ni me lo digas! Seguramente estás hablando de la de Música. Dante se encogió de hombros. —Fue en un campamento. Hace unos meses. Me hubiera gustado indignarme con esa docente. Pero el magnetismo de mi hijo era ineludible. Además, según recordaba, era una chica apenas más grande que él. —No me gusta que corras riesgos. Un día vas a tener problemas con el marido de alguna mujer. —Hasta ahora no me pasó nada. Ya sabés lo que dicen. El cornudo es el último en enterarse. Me sorprendió lo perverso que podía llegar a ser mi propio hijo. Pero supongo que tratándose de fetiches sexuales todas las personas podían llegar a ser algo pervertidas. —¿Usás preservativo? Cuando te vi con Emilia no lo tenías —dije. Me arrepentí inmediatamente de traer a la conversación a mi sobrina, pero ya era demasiado tarde para eso. —Solo viste la última parte. Lo usé en todo momento. Solo me lo quité para acabar —Sonrió cuando me vio exaltarme—. Vos preguntaste —dijo. Me di cuenta de que indagar en la sexualidad de mi hijo podía ser un arma de doble filo. Ese adolescente tenía una vida sexual mucho más activa de la que tenía yo. Y no se trataba solo de la frecuencia con que lo hacía, sino que había estado con muchas mujeres diferentes, mientras yo solo tenía experiencia con Octavio. Es decir, no había mucho que le pudiera enseñar. —¿Y vos? —preguntó, de repente. —Y yo, ¿qué? —dije, incómoda. Ya me había dejado en claro que sabía de mi patética vida sin ...
    ... sexo, ¿por qué me preguntaba eso ahora? —Creo que ya es hora de que te diviertas con algún hombre. O con alguna mujer… —Prefiero no hablar de eso con vos —respondí. Dante rio, con ironía. Estaba claro en qué estaba pensando. Yo le había preguntado intimidades de su vida, y ahora me negaba a hacer lo mismo. Podría esgrimir que yo era su madre y por eso tenía derecho a exigir algunas respuestas de él. Pero estaba segura de que también tendría una respuesta para eso, así que me abstuve de decir algo. —Me voy a lavar los dientes. Estaba muy rico mami —dijo. Cuando empecé a levantar los platos, noté que había dejado el celular en la mesa. Sentí una enorme curiosidad. Nunca lo había hecho, pero como madre me consideraba con derecho a meterme en su privacidad de vez en cuando. De hecho, lo acababa de hacer, pero esto ya estaba en otro nivel. Lo había visto desbloquear el celular muchas veces. Creía reconocer el patrón para hacerlo. Agarré el aparato. Lo encendí. Imité el patrón que creí correcto. Pero no logré desbloquearlo. Lo intenté de nuevo. Una, dos, tres veces más. En el quinto intento dibujé dos zetas en el lado derecho de la pantalla. El celular se desbloqueó. Sentí una absurda euforia. Fui directo a WhatsApp. Abrí rápidamente el chat que tenía con Emilia. Estaba bastante abajo, lo que significaba que no hablaban hace días. No encontré nada raro en el chat. Había otras conversaciones con chicas. Sin embargo, el instinto me hizo abrir el chat con Jerónimo, su mejor amigo, que ...