1. Otra pareja cualquiera


    Fecha: 28/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: LIDIA, Fuente: TodoRelatos

    ... de llevar ni el pan sin protestar.
    
    María rezongo.
    
    —No te quejes, que al menos follas… yo a dos velas.
    
    Soraya sonrió con superioridad.
    
    —Claro que tengo suerte. —le acarició la barbilla a Gabriel fugazmente— ¿a que sí, conejito? ¿A que siempre obedeces?
    
    Ellas rieron, un poco sorprendidas, un poco envidiosas, y Gabriel bajó los ojos sintiéndose a la vez avergonzado y orgulloso.
    
    En una tienda de ropa masculina, Soraya lo agarró del codo y prácticamente lo arrastró hasta el probador.
    
    —Voy a comprarte un par de pantalones nuevos —anunció—. No soporto que sigas vistiendo como un camello.
    
    Sacó un par de camisas entalladas, unos pantalones beige y unos mocasines clásicos, y se los fue pasando mientras él se probaba, obediente.
    
    —Es que este mío —explicó a Lili y María con toda naturalidad— no sabe vestirse solo. Hay que cuidarle hasta eso, que vaya decente.
    
    —Bueno, al menos es un encanto —concedió Lili, divertida.
    
    —Y guapísimo —añadió María con un brillo de picardía en los ojos.
    
    Soraya rio con suficiencia, orgullosa, mientras Gabriel se sonrojaba dentro del probador, sintiéndose medio desnudo y evaluado por todas.
    
    Para cuando salieron del centro comercial, pasaban ya las siete de la tarde. Soraya notó el cansancio en las piernas, y suspiró con teatralidad.
    
    —Iba a salir esta noche con vosotras —dijo, recogiéndose el cabello en un moño improvisado—. Pero creo que me vuelvo a casa con mi cosita. Me tiene que dar un buen masaje, y luego pienso ...
    ... follármelo sin piedad.
    
    Gabriel sintió la cara arder al escucharla hablar así, con total descaro, delante de las amigas. Lili y María se echaron a reír, aplaudiendo la ocurrencia de Soraya, aunque sus miradas reflejaban una chispa de envidia genuina.
    
    —¡Qué suerte la tuya! —bromeó María—. Si algún día te cansas, me lo pasas.
    
    Soraya alzó la ceja con gesto posesivo.
    
    —No, cielo. Este es mío —sentenció—. Venga, conejito, vamos.
    
    Gabriel asintió, cargado con las últimas bolsas, y la siguió dócilmente hasta el coche, sabiendo que la noche no haría más que empezar.
    
    Al llegar a casa, Gabriel descargó las bolsas con cuidado en el recibidor, procurando no golpear nada. Soraya se quitó los zapatos con un gesto perezoso y se estiró, con el vestido subiéndole unos centímetros sobre los muslos, dejando ver el elástico de unas braguitas color crema, que marcaban el contorno de su cadera con descaro.
    
    Lo miró desde arriba con ese brillo autoritario en la mirada, la misma que usaba para recordarle a quién pertenecía.
    
    —Deja eso ordenado —le dijo—. Y ven al dormitorio. Estoy caliente, tú cabrón, ya te has aliviado en el parque a la mañana...
    
    Gabriel asintió, con el pulso acelerado, y se apresuró a dejar cada bolsa en su sitio antes de seguirla. Soraya había dejado el vestido tirado sobre una silla y se recostaba en la cama con el sujetador ya desabrochado, su pecho generoso liberado y relajado, moviéndose levemente con cada respiración. Su vientre, blando y natural, se ...
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