1. Cuando descubrí el otro lado del placer


    Fecha: 31/05/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... quedamos así, acariciándonos mutuamente, nuestros sexos rozándose bajo nuestras manos, creando una fricción que enviaba oleadas de placer por todo mi cuerpo.
    
    Levanté la vista y me encontré con sus ojos claros mirándome intensamente. Había algo salvaje en ellos, una mezcla de deseo y ternura que me dejó sin aliento. Sin previo aviso, Emilio deslizó su mano libre hasta mi nuca, sujetándome con firmeza pero sin brusquedad, y acercó su rostro al mío.
    
    Cuando sus labios tocaron los míos, todo a mi alrededor pareció desvanecerse. Sentí el roce áspero de su barba de tres días contra mi piel, tan diferente a la suavidad a la que estaba acostumbrado con Amparo. El calor húmedo de su aliento invadió mi boca, y noté cómo mi miembro reaccionaba creciendo aún más entre nuestras manos.
    
    Su lengua comenzó a jugar con la mía, primero con movimientos tentativos, casi tímidos, como si estuviera probando mis límites. Luego, al notar que yo respondía con entusiasmo, se volvió más osada, más exigente, explorando cada rincón de mi boca mientras nuestras salivas se mezclaban en un intercambio íntimo que jamás había experimentado con otro hombre.
    
    Emilio dio un paso más hacia mí, eliminando la poca distancia que quedaba entre nosotros. Su torso, cubierto de un vello oscuro y espeso, se apretó contra el mío. La sensación era completamente nueva: donde Amparo era suavidad y curvas, él era dureza y ángulos. Sus músculos firmes, su piel caliente, el roce de su vello contra mi pecho... y entre ...
    ... nuestros vientres, nuestros miembros atrapados, pulsando al unísono como si mantuvieran una conversación secreta.
    
    Bajó la mano que tenía en mi nuca, deslizándola lentamente por mi espalda en una caricia que dejaba un rastro de fuego sobre mi piel. Sus labios abandonaron los míos para recorrer mi mandíbula y descender por mi cuello, donde se detuvieron para succionar suavemente, arrancándome un gemido involuntario.
    
    Mis manos, que hasta entonces habían permanecido casi inmóviles por la sorpresa, cobraron vida propia y comenzaron a explorar su torso. Sus pectorales eran macizos, duros como piedras bajo mis dedos, tan diferentes a los senos suaves de Amparo. Sin pensarlo, me incliné y atrapé uno de sus pezones con mis labios, sintiendo cómo se endurecía al contacto con mi lengua.
    
    —Joder, maño —jadeó Emilio, tensándose momentáneamente—. Cuidado con eso, que los tengo casi tan sensibles como los de tu Amparo. Un poco más y me haces correrme como un chaval.
    
    —Ya tendrás oportunidad de probar los suyos —respondí, levantando la vista sin dejar de lamer su pezón—. Pero te aseguro que son gloria bendita.
    
    Emilio soltó una risa ronca que reverberó en su pecho, bajo mis labios. Sus manos, grandes y callosas, descendieron por mi espalda hasta alcanzar mis nalgas, que acarició con una mezcla sorprendente de fuerza y ternura. Me sentí extrañamente vulnerable bajo su tacto, pero al mismo tiempo increíblemente excitado y, curiosamente, protegido. Era como si toda mi vida hubiera ...
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