1. Cuando descubrí el otro lado del placer


    Fecha: 31/05/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... otro hombre.
    
    —Joder —murmuré, sorprendido por mi propia reacción—. Parece que no me molestaría en absoluto.
    
    Amparo miró hacia mi entrepierna y soltó una carcajada cristalina. Su rostro se iluminó con una picardía juvenil que hacía años no le veía. Sus ojos, enmarcados por pequeñas arrugas de expresión, brillaban con una mezcla de diversión y deseo mientras se giraba para guiñarme un ojo cómplice.
    
    —Vaya, vaya —dijo, mientras su mano se deslizaba suavemente sobre mi erección, acariciándola con delicadeza—. Parece que hemos encontrado la medicina para tu... problema.
    
    Sin dejar de mirarme a los ojos, fue bajando lentamente su rostro hasta que sentí su aliento cálido sobre mi glande. Con una sonrisa traviesa, pasó su lengua por la punta en un movimiento circular que me arrancó un gemido involuntario. Luego, con la misma naturalidad con la que me había propuesto invitar a un tercero a nuestra cama, me tomó en su boca por completo.
    
    Y así comenzó todo. Primero fueron encuentros casuales en Barcelona, lejos de Madrid, lejos del pueblo, lejos de cualquier conocido. Amparo y yo con algún hombre que encontrábamos en un bar, en un club o en una página de citas especializadas en parejas swinger. Experimentamos, aprendimos, descubrimos juntos. Y con cada encuentro, mi excitación crecía al verla disfrutar con otro hombre, al ver cómo se entregaba, cómo gemía, cómo brillaba.
    
    Pero también empecé a notar algo más. Algo que no esperaba. Algo que no sabía cómo manejar.
    
    Me ...
    ... excitaba mirar a los otros hombres.
    
    No solo cómo se movían sobre Amparo, no solo cómo la hacían disfrutar. «Es como una sinfonía perfecta», me decía a mí mismo mientras observaba. «Sus gemidos agudos mezclándose con los gruñidos de él, el sonido húmedo de sus cuerpos chocando, la visión hipnótica de su sexo siendo invadido por otro pene, abriéndola, llenándola... joder, es el espectáculo más erótico que he visto en mi vida». Me excitaba mirarlos a ellos. Sus cuerpos. Sus músculos. Su forma de moverse. Y más de una vez, mientras follaba con mi mujer después de que nuestro invitado se hubiera ido, me descubrí pensando en él, imaginando que era él quien estaba debajo de mí, o encima, o...
    
    Esto me aterrorizaba. Me hacía sentir confundido, avergonzado incluso. «Es como si hubiera vivido toda mi vida con una venda en los ojos», pensaba en mis momentos de mayor honestidad. «El terror me paraliza, pero la atracción... Dios mío, la atracción es como una fuerza gravitatoria, imposible de resistir. Cuanto más me asusto, más me atrae. Como si toda mi vida hubiera estado esperando este momento sin saberlo». ¿Qué coño me estaba pasando? Yo no era maricón. Nunca me habían atraído los hombres. O eso creía.
    
    Un día, durante uno de nuestros encuentros, me atreví a algo que nunca había hecho. Estábamos con un italiano, un tipo de unos cuarenta años, moreno, con un cuerpo trabajado y una polla que parecía sacada de una película porno. Amparo estaba a cuatro patas sobre la cama, con él ...
«1234...16»