1. Cuando descubrí el otro lado del placer


    Fecha: 31/05/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... una sauna gay en el centro de la ciudad. El corazón me latía tan fuerte que pensé que me daría un infarto allí mismo, en la recepción, mientras pagaba la entrada y recibía la toalla y la llave de la taquilla.
    
    El lugar era elegante, discreto, con una iluminación tenue que creaba una atmósfera íntima. Me desnudé en el vestuario, me puse la toalla alrededor de la cintura, y me aventuré en aquel mundo desconocido con una mezcla de miedo y excitación que me hacía temblar.
    
    La primera vez no pasó nada. Me limité a observar, a sentir el ambiente, a acostumbrarme a las miradas de otros hombres sobre mi cuerpo. Miradas de apreciación, de deseo, que me hacían sentir extrañamente halagado. Pasé por la sauna seca, por la de vapor, por el jacuzzi. Tomé una cerveza en el bar. Y me fui, sin más.
    
    Pero volví. Una semana después, volví. Y esta vez fue diferente. Cuando entré al jacuzzi, noté que un hombre me observaba desde el otro lado. Tendría mi edad, quizás un par de años menos, con un cuerpo bronceado y en forma, el cabello muy blanco perfectamente cortado, y un pecho cubierto de vello igualmente blanco que contrastaba con su piel tostada. Su sonrisa transmitía una seguridad que me resultó inmediatamente atractiva. Nuestras miradas se cruzaron varias veces hasta que finalmente se acercó y se sentó a mi lado.
    
    —Primera vegada, oi? —preguntó con una voz grave y cálida que me recordó a esos locutores de radio de medianoche.
    
    —¿Perdón? —respondí, para que repitiese su ...
    ... pregunta.
    
    —Disculpa, por favor, es la costumbre. Tan solo preguntaba si es la primera vez — aclaró.
    
    —Todos hemos pasado por eso —sonrió, extendiendo su mano—. Me llamo Arnau. Arquitecto jubilado y, como tú, descubridor tardío de ciertos placeres.
    
    —Roque —dije, estrechando su mano bajo el agua—. Empresario y... principiante en esto.
    
    —La primera vez que vine —confesó Arnau con una sonrisa cómplice—, estaba tan nervioso que me quedé dos horas en el vestuario fingiendo que buscaba algo en la taquilla. —Soltó una risa suave—. El encargado pensó que era un ladrón y casi llama a la policía. Imagínate el titular: "Respetable arquitecto de 65 años detenido en sauna gay por comportamiento sospechoso". Mi esposa se habría reído un montón.
    
    Su anécdota me arrancó una carcajada que alivió parte de mi tensión. Había algo reconfortante en saber que incluso este hombre, que ahora parecía tan seguro de sí mismo, había experimentado el mismo miedo que yo sentía.
    
    —¿Así que tu mujer lo sabe? —pregunté con curiosidad.
    
    —Lo supo antes que yo —respondió con una sonrisa.
    
    Charlamos durante lo que pareció una eternidad. Sobre nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestras familias. Me contó que había estado casado cuarenta años, que tenía tres hijos y cinco nietos, y que solo después de enviudar se había permitido explorar esa parte de sí mismo que siempre había mantenido oculta.
    
    —A veces pienso en todo el tiempo perdido —confesó con una mirada melancólica, su acento acentuándose ligeramente ...
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