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Cuando descubrí el otro lado del placer
Fecha: 31/05/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... con la emoción—. Pero luego me digo: mejor tarde que nunca, ¿no? No sé en qué momento exacto su mano se posó sobre mi muslo bajo el agua. Un gesto casual, como si fuera lo más natural del mundo. Sus dedos ascendieron hasta que las yemas de sus dedos rozaron con suavidad mi polla. Y lo más sorprendente fue que no sentí la necesidad de apartar su mano. Al contrario, aquel contacto despertó en mí una sensación de calidez y anticipación que me dejó sin aliento. Noté como mi miembro empezaba a llenarse de sangre, creciendo bajo su tacto como si tuviera vida propia. «Joder, esto no es normal. Se supone que debería estar incómodo, que debería apartarme... pero su mano se siente tan bien. Hay algo en cómo me toca, con esa seguridad, esa firmeza... Nunca había sentido algo así con una mujer. Es como si supiera exactamente qué hacer, dónde tocar, con qué presión. Como si nuestros cuerpos hablaran el mismo idioma». —¿Te apetece ir a un lugar más tranquilo? —sugirió Arnau, su voz ahora un tono más baja—. Sin presiones. Solo para conocernos mejor. Asentí, incapaz de articular palabra, y lo seguí, los dos en pelotas, hasta una pequeña sala con divanes tapizados en cuero negro. El ambiente era íntimo, con una iluminación tenue que creaba sombras sugerentes sobre las paredes. —Podemos empezar con algo sencillo —propuso, sentándose a mi lado, el vello blanco de su pecho brillando suavemente bajo la luz tenue—. Solo para romper el hielo. Su mano se deslizó sobre mi ...
... miembro con una naturalidad desconcertante, como si hubiera hecho esto mil veces. Probablemente así era. Cuando sus dedos se cerraron alrededor, dejé escapar un gemido involuntario. «¡Dios mío! Su mano es tan diferente a la de Amparo... más grande, más fuerte, pero igualmente delicada en sus movimientos. Conoce exactamente la presión adecuada, el ritmo perfecto. Es como si supiera instintivamente lo que necesito». —Tú también puedes tocarme —susurró, guiando mi mano hacia su entrepierna. Sentí su miembro endurecerse bajo mi tacto, una sensación extrañamente familiar y a la vez completamente nueva. Era como tocarme a mí mismo pero desde otra perspectiva, conociendo ya el mapa pero explorando un territorio desconocido. Nos masturbamos mutuamente en silencio, nuestras respiraciones acelerándose al unísono. Había algo profundamente íntimo en aquel acto aparentemente simple. No era solo el placer físico, sino la complicidad, el reconocimiento mutuo, como si ambos estuviéramos diciendo: "Entiendo lo que eres, lo que sientes, porque yo también lo siento". —¿Te gusta? —preguntó, su voz ronca por la excitación. —Mucho —logré articular entre jadeos. —Entonces te va a encantar esto. Sin más preámbulos, se inclinó y tomó mi miembro en su boca. La sensación fue tan intensa que tuve que morderme el labio para no gritar. Su lengua se movía con maestría, alternando presión y succión de una forma que me hacía ver estrellas. «¡Santo cielo! Esto es... indescriptible. La ...