-
Cuando descubrí el otro lado del placer
Fecha: 31/05/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... esta sauna. Se acercó lentamente, con esa mezcla de cautela y curiosidad que tienen los animales salvajes cuando se aproximan a algo desconocido. —¿Roque? —preguntó, como si no pudiera creer lo que veía—. ¿Qué coño hace un chico como tú en un sitio como éste un? —Lo mismo que tú, imagino —respondí con una sonrisa, haciéndole un gesto para que se sentara a mi lado en el jacuzzi—. Buscar algunos hombres que saben lo que quieren. Se sentó, manteniendo una distancia prudencial, su cuerpo tenso como un resorte a punto de saltar. Un hombre mayor, quizás de mi edad, que había estado compartiendo el jacuzzi con nosotros, captó la tensión entre ambos y, con una discreción digna de elogio, decidió levantarse para dejarnos hablar. Mientras salía del agua, no pudo evitar dirigir una última mirada apreciativa hacia el cuerpo de Emilio, acariciándose distraídamente el miembro. Emilio y yo intercambiamos una sonrisa cómplice ante el gesto, lo que relajó un poco el ambiente entre nosotros. —Esto es... inesperado —murmuró, mirándome de reojo—. Nunca hubiera pensado que tú... —¿Que me gustaran los hombres? —completé su frase—. Yo tampoco, la verdad. Es algo que he descubierto... recientemente. Le conté brevemente sobre Amparo, sobre nuestros experimentos, sobre mi despertar tardío a esta nueva faceta de mi sexualidad. Y mientras hablaba, lo vi relajarse poco a poco, su mirada cambiando de la sorpresa a la comprensión, y luego a algo más... intenso. —¿Y tu mujer lo ...
... sabe? —preguntó, con un tono que no supe interpretar. —Todo —afirmé con orgullo—. Entre Amparo y yo no hay secretos. Emilio soltó una carcajada que resonó en las paredes de azulejos. —Pues yo tengo uno que te sorprendería —dijo, acercándose un poco más—. ¿Sabes que cuando era un crío me hacía pajas pensando en tu mujer? Ahora fue mi turno de sorprenderme. —¿En la Amparo? —pregunté, sintiendo una extraña mezcla de celos y excitación. —En la Amparo —confirmó con una sonrisa lobuna—. La espiaba cuando tendía la ropa en el patio. Incluso le robé unas bragas una vez. O dos. O diez. —Hizo una pausa y me miró directamente a los ojos—. Y ya que estamos siendo sinceros... también me llevé unos calzoncillos tuyos. Me quedé boquiabierto, incapaz de articular palabra. —¿Mis...? ¿Tú...? —Sí, tus gayumbos —soltó una carcajada—. Tenía dieciocho años y estaba confundido. Un día entré en vuestra casa cuando no estabais, supuestamente para darme una ducha. Acabé en vuestra cama, con las bragas de Amparo en la cara y tus calzoncillos en la mano. —Joder —fue lo único que pude decir. —Y entonces apareció la Pepi —continuó, bajando la voz como si me contara un secreto—. Me pilló in fraganti, con la polla tiesa y vuestras prendas íntimas. Pensé que llamaría a la Guardia Civil, pero... —sonrió pícaramente— digamos que me enseñó que mi campo de interés sexual era mucho más amplio de lo que yo creía. —¿La Pepi? —exclamé, incrédulo—. ¿La mujer que nos limpiaba la ...