1. El Crimen del Colibrí. Parte 4


    Fecha: 01/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Julian Torres, Fuente: TodoRelatos

    ... Eric —. No puedes mover durante un turno. Le toca a Emma.
    
    Pedro le dio los dados a su hija mientras fruncía el ceño con enfado por el aumento de intensidad del coito de su vecino. Las embestidas se sucedían con fuerza y no bajaban de intensidad. Parecía que fueran a destrozar la pared de un momento a otro. El mecánico se levantó de su silla y fue hasta la tele para encenderla mientras susurraba maldiciones. Mientras lo hacía miró al reloj de la sala y vio que marcaban las siete y cuarto de la tarde. Claudia le había dicho que volvería sobre las nueve, así que aún quedaba un rato hasta que llegara.
    
    Pedro se dirigió a la cocina para hacer unas palomitas. Eran rápidas y fáciles de preparar, y harían algo de ruido que serviría para amortiguar los indecorosos sonidos de los vecinos. Además, pensó que igualmente tendría que hacer algo para la merienda porque Claudia se fue sin dejar nada hecho.
    
    Pedro colocó el millo en la olla y lo bañó con un poco de aceite. Justo para sobresaltarse por un fuerte estampido del cabecero de la cama del vecino en la pared de su casa.
    
    —¡Maldita sea! —exclamó en alto sin poder evitarlo, para controlarse inmediatamente después. No quería decir ninguna palabrota con sus hijos en casa, por lo que continuó desahogándose en voz muy baja —. Jodido mujeriego inmoral. A las siete de la tarde en un bloque de apartamentos de familias… Vete al puticlub de donde sacaste a esa —escupió mientras encendía una cerilla y ajustaba el fuego a nivel suave ...
    ... —. Ojalá que se te tuerza la picha mientras revientas a la furcia que se te presta.
    
    Mientras las palomitas se iban haciendo comenzó a preparar un par de sándwiches de jamón y queso. Los primeros millos explosionaron rápidamente y trajeron paz a sus oídos. En pocos minutos estuvieron todas y las puso en tres cuencos. Les roció a dos de ellos azúcar, tal y como gustaba a sus hijos, y en la suya sal. Acto seguido lo puso todo en una bandeja, junto con los sándwiches, y volvió a la sala de estar, pero allí no estaban sus hijos. Inmediatamente miró hacia su dormitorio y vio la puerta abierta de par en par. Dejó la bandeja bruscamente en la mesa y uno de los cuencos se movió demasiado. Acabó volcándose a un lado, desparramando las palomitas en la mesa y cayendo algunas al suelo.
    
    Pedro corrió como el viento hacia su dormitorio y vio a sus hijos con la oreja pegada a la pared mientras el vecino continuaba fornicando a su fulana como un toro. Los niños tenían la mano sobre sus bocas, en un gesto inocente que trataba de contener la risa. Las cargas eran bestiales y, aunque la mujer no gemía ruidosamente, se escuchaban unos jadeos con relativa claridad que señalaban el momento en el que el pene penetraba la vagina. El compás era rítmico y permitía imaginar la escena sexual con relativa claridad. Pedro jamás había visto una bestialidad semejante. Ni siquiera en las pocas películas porno que había visto de soltero. Las acometidas eran tan fuertes que la pobre mujer no podría andar ...
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