-
El Crimen del Colibrí. Parte 4
Fecha: 01/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Julian Torres, Fuente: TodoRelatos
... durante una semana. Él no entendía cómo alguien podría encontrar atrayente follar de esa manera. Como animales salvajes. Inmediatamente el padre de familia gesticuló furiosamente con la boca y sus dos hijos lo miraron mientras seguían intentando aguantarse la risa. Una vez con la atención de sus hijos Pedro les señaló a la sala para que regresaran para comer la merienda. Estos obedecieron con sonrisas confidentes. Pedro tragó saliva mientras miraba la pared que parecía chirriar entre gemidos de placer sexual. Con la cara roja por la rabia se acercó y con la palma de la mano dio tres tortazos de impotencia, y acto seguido fue hasta la puerta y la cerró de un portazo. Ignacio elevó la cadera sin que su pene saliera de la vagina de Claudia, y luego dejó que la gravedad y su propio impulso le permitieran ganar potencia. El cabezón de su miembro llegó hasta el fondo de la vagina y sus propios huevos dieron un golpetazo al clítoris de ella. Las embestidas eran fuertes, pero la valenciana chorreaba de gusto y a él le encantaba dar caña en el coito. Ella estaba boca abajo, con el culo levantado para facilitar las acometidas. Su vagina estaba muy abierta y chorreaba de manera que toda la vulva y la ropa interior era bañada como si de una cascada se tratara. Claudia tenía sus bragas rojas de encaje todavía puestas, pero retiradas a un lado para dejar la vagina libre. Estaban empapadas, adquiriendo un color magenta más oscuro, y permitiendo ver la propia piel de sus nalgas a ...
... través de ellas. No tenía nada más, ni su falda, ni su blusa, ni su sostén. Solo unas bragas sexis removidas y cubiertas de líquidos vaginales. Ella se sujetaba al cabecero de la cama del dormitorio de Ignacio con las manos estiradas, mientras mordía la almohada para evitar gritar. El pelo estuvo peinado y recogido en un elaborado moño, pero ahora apenas quedaba nada de eso y el cabello rubio se enmarañaba de forma caótica. La cama chirriaba con los movimientos y el cabecero golpeaba la pared, empujada por la propia periodista con la fuerza del empuje que aguantaba con su cintura. Las tetas de la valenciana estaban aplastadas contra el colchón y su culo enrojecido era elevado tras cada embestida para volver a caer a plomo, vencido. A Claudia le temblaban las piernas, pero estaba gozando como una chiquilla con su primer hula hop. Entonces tres tortazos pudieron escucharse en la pared. Ignacio se detuvo con su pecho completamente sudoroso por el esfuerzo, y casi al instante se pudo escuchar un portazo al otro lado. —¿Has escuchado eso? —preguntó él. Claudia sacó su cabeza de la almohada, en un estado cercano al desmayo, y giró la cabeza en dirección a su amante. Tenía cara exhausta y movió las caderas para que no se detuviera. Aun así, respondió de inmediato. —Soy yo, con el cabecero —se justificó en voz apenas imperceptible —. Es que si no me agarró me echas de la cama. —No. Fue otra cosa. ¿No crees que estamos haciendo demasiado ruido? Tu familia está al otro ...