1. Todo comenzó con un beso 11


    Fecha: 02/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Mandarina, Fuente: TodoRelatos

    ... nada.
    
    ¡Eso! Pensé. Trágatelo. Trágate cada palabra, porque esto es solo el desayuno.
    
    Me acerqué al refrigerador para buscar jugo. Caminando despacio. Dejando que mis muslos aún marcados se vieran bien al moverse. Que se notara que mi cuerpo tenía dueño. Que lo habían usado. Que estaba reclamado.
    
    Y todo lo hacía para ella. Para esa cabrona que anoche jugó a las preguntas incómodas. Para esa perra que quería tantear el terreno.
    
    Pues aquí está tu respuesta, reina.
    
    Me giré antes de irme. Otra vez con esa sonrisita cálida, como de hermanita buena onda.
    
    —Disfruta tu yoga, ¿sí? A mí ya me estiraron bastante anoche.
    
    Y salí de la cocina con la espalda recta, el paso firme, y el corazón latiendo como batería.
    
    Porque esa victoria no necesitó gritos.
    
    Solo un buen polvo.
    
    Y una sonrisa bien colocada.
    
    Eso fue todo lo que necesité para salir de la cocina como reina absoluta. Solo una sonrisa, y la imagen clara en la cabeza de Elisa retorciéndose por dentro. Victoria dulce. Y ahora, playa.
    
    Bajamos todos en bloque, como turistas que se creen los dueños del mundo. Toallas, hielera, bloqueador, bocina, cervezas, flotadores inflables absurdos. Un circo. Pero yo solo lo veía a él.
    
    Sebastián caminaba unos pasos más adelante. Sin camiseta, con ese short negro que le quedaba de puta madre. Arena pegada a las piernas, sudor en la espalda. Todo él brillaba como si alguien lo hubiera embadurnado con aceite. Juro que no podía dejar de mirarlo. Era un ...
    ... espectáculo.
    
    Cada vez que se agachaba para acomodar algo en la hielera o levantar una sombrilla, se le marcaban los músculos de la espalda. Se le tensaban los brazos. Se le veían los abdominales como si alguien los hubiera tallado a mano. Y sí, los conté. Uno por uno. Con la lengua, en mi cabeza. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Seis en total. Perfectos. Simétricos. Y todos míos.
    
    No sabía si quería tirarme encima o sentarme a ver como si estuviera frente a un documental de Discovery Channel.
    
    Me imaginé bebiendo cerveza directamente de su abdomen, dejando que se deslizara por los cuadros y atrapándola con la boca, justo donde su ombligo formaba ese pequeño hueco perfecto para pecar. Y mientras tanto, todos los demás con sus tragos tontos, sus conversaciones básicas, sin tener ni puta idea de lo que pasaba a mi lado. Él, riéndose, levantando botellas, hablando de la ola que casi lo tumba. Yo, sentada a pocos metros, con las piernas apretadas y la mente más cochambrosa que nunca.
    
    En un momento, lo vi correr hacia el mar con los otros, salpicando agua como niño en excursión. Y cuando salió, goteando, con el cabello mojado y el short pegado al cuerpo, tuve que contener un gemido. Se veía criminal. La verga marcada por el agua, colgando pesada dentro de la tela. Los pezones duros por el viento. Las gotas cayendo por su pecho como si fueran afortunadas.
    
    Mis piernas se cerraron solas.
    
    Y ahí empezó la fantasía.
    
    Me giré un poco, mirando los arbustos que estaban cerca de la zona donde ...
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