1. Todo comenzó con un beso 11


    Fecha: 02/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Mandarina, Fuente: TodoRelatos

    ... habíamos armado el campamento. Más allá, al fondo, había una especie de senderito, cubierto por plantas y tierra mojada. Nada muy profundo, pero lo suficiente. Lo suficiente para desaparecer unos minutos sin levantar sospechas. Lo suficiente para que él me tomara del brazo, me empujara contra el suelo con el cuerpo aún mojado, y me la metiera de un solo empujón, sin sacarse ni la arena.
    
    Me imaginé con las piernas abiertas, el bikini a un lado, las nalgas hundidas en el follaje, y su cuerpo encima del mío, caliente, salvaje, sin una puta palabra, solo jadeos. Él con la arena pegada a la piel, raspándome rico, follándome como si estuviéramos solos en el puto mundo. Yo tirando la cabeza hacia atrás, gimiendo contra su cuello, con los pájaros como único testigo y su verga enterrada hasta el fondo.
    
    Y mientras tanto, allá afuera, Elisa preguntando por nosotros. “¿Dónde están Sebastián y Dafne?” “Seguro fueron al baño.” Ja.
    
    Si supieran.
    
    Con la fantasía apoderándose de mí en ese momento, seguí imaginando cada vez más, visualizando sus dedos empujándome más contra el suelo, agarrándome de la cadera con rabia. Mi bikini rojo quedando perdido entre las ramas. Mis piernas cubiertas de tierra, mis uñas hundidas en su espalda, su voz contra mi oído diciendo “así, así, no te muevas”. Él bombeando fuerte, tan fuerte que sentía cómo las hojas crujían debajo. Su cuerpo golpeando el mío con ritmo, con hambre, con esa furia suave que solo me saca a mí.
    
    Mis caderas respondiendo. ...
    ... Mi cuerpo arqueado. Mis gemidos acallados por su mano o por su boca. El sudor mezclado con el mar, el olor a sal, a sexo, a sol. Y al final, su venida rompiendo todo. Caliente, profunda, sucia. Derramándose dentro de mí mientras mi nombre escapaba de sus labios mordidos.
    
    Y yo sonriendo.
    
    Con los muslos temblando, con las hojas pegadas al culo, con la conciencia sucia y el cuerpo satisfecho.
    
    Y cuando volviéramos al grupo, él con la cara de siempre, y yo con esa sonrisita otra vez, esa que decía todo sin decir nada, solo miraría a Elisa.
    
    Y ella sabría.
    
    Sabía que yo me lo había cogido entre arbustos como una perra. Que él había estado dentro de mí mientras ella tomaba sol como idiota. Que él había gemido mi nombre mientras su lengua se secaba con shots.
    
    Y eso…
    
    Eso era delicioso.
    
    Me levanté de la toalla con un impulso. La piel aún me ardía por el sol, pero ya no pensaba quedarme quieta. Me estiré, fingiendo que iba por otra cerveza.
    
    Pero en el fondo, sabía lo que iba a hacer.
    
    Y si Sebastián me miraba…
    
    Si notaba cómo me mordía el labio…
    
    Iba a entender que no era imaginación.
    
    —¿Amor, a dónde vas? —preguntó Sebastián, desde su toalla, con la voz pastosa por el calor y el cansancio.
    
    —Voy por más bloqueador al coche —mentí. Y lo peor es que ni me esforcé.
    
    Ya teníamos bloqueador. Teníamos dos. Pero él ni se lo pensó.
    
    —Ok, te acompaño.
    
    Perfecto.
    
    No dijimos más. Caminamos juntos bordeando la playa, pasando entre toallas, bocinas, latas ...