1. Todo comenzó con un beso 11


    Fecha: 02/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Mandarina, Fuente: TodoRelatos

    ... aplastadas y gente que hablaba demasiado fuerte. Yo no miraba a nadie. Solo pensaba en lo que iba a pasar, en lo que iba a hacer. Estaba decidida. Quería algo distinto. No solo cogerlo a escondidas. Quería subir el nivel. Sentirme aún más suya. Hacer algo que se quedara marcado en nosotros. Lo llevé por un caminito de arena que se perdía entre arbustos y plantas. Nada del otro mundo, pero sí lo suficientemente apartado para estar solos unos minutos.
    
    —Bueno —dije, girándome hacia él con la cara seria—. Ya estamos solos.
    
    —¿Qué haces? —preguntó, con una sonrisa tonta en la boca, aún sin entender a qué venía todo.
    
    Yo lo miré directo, sin sonreír. Me acerqué y le puse las manos en el pecho.
    
    —Ve por condones —le dije—. Porque vamos a hacer algo nuevo.
    
    Él frunció el ceño, dudando.
    
    —¿De qué hablas?
    
    —Vamos a darle por atrás.
    
    Se quedó quieto. Como si acabara de decirle que me iba a lanzar de un edificio.
    
    —¿Neta? ¿En serio?
    
    —Sí, mi amor —dije, bajando la voz, casi ronca por la emoción—. Corre, corre por ellos. Ahorita. No tardes.
    
    Y salió disparado. Como si le hubieran dado una orden divina. Se tropezó con una raíz, se rió nervioso, y se fue corriendo hacia el coche. Yo me quedé ahí, con el corazón bombeando, la entrepierna caliente, las nalgas temblando. Me imaginaba todo. Lo que iba a sentir. Lo que me iba a hacer. Ya me estaba preparando mentalmente para recibirlo, para empinarme entre el follaje, cuando escuché una voz detrás de mí.
    
    —¿Qué haces ...
    ... aquí tan sola?
    
    Era Elisa. La maldita Elisa.
    
    Me giré de inmediato. Llevaba lentes de sol, un pareo atado a la cintura y ese mismo aire de modelo que fingía que no sabía lo buena que estaba. Sonriente. Inofensiva. Pero esa sonrisa duró poco.
    
    —Nada, vine a respirar un poco. Me estaba mareando con tanto sol —dije, lanzando el primer pretexto que me cruzó por la cabeza.
    
    Ella me miró por un segundo. Y en ese segundo, cambió. Toda la dulzura falsa desapareció. El tono ligero, la sonrisa tonta, todo se fue. Lo que quedó fue otra cara. Fría. Real. Como si me hubiera estado esperando justo aquí para quitarse la máscara.
    
    —Bueno, princesa —dijo, cruzándose de brazos—. Quiero que sepas algo. Sebastián y yo tuvimos algo hace tiempo. No duró mucho, pero lo hubo. Y no creas que me voy a quedar de brazos cruzados. Voy a recuperarlo.
    
    La miré sin decir nada. Primero procesé. Después sonreí. Y al final solté mi bomba.
    
    —Inténtalo, cariño. Justo ahorita fue por un condón para darme por el culo.
    
    Ella parpadeó. Y aunque trató de no reaccionar, el temblor en su labio inferior la delató.
    
    —Te puedes quedar a ver si quieres —añadí, afilada como cuchillo—. Aunque no sé si vas a aguantar los gritos.
    
    Elisa se rió, pero ya no era una risa de burla. Era una risa forzada, con rabia. Estaba ardida. Lo sabía.
    
    —Estás muy confiada —dijo, casi escupiendo las palabras—. Gimiendo y molestando, ¿verdad? Pero no te preocupes. Yo sé lo que Sebastián siente por mí. Aún hay algo. Lo veo en ...