1. Una semana Como perra


    Fecha: 02/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: todoPet, Fuente: TodoRelatos

    ... perderme? Había una parte de mí que quería probarlo, que anhelaba esa entrega total, pero otra parte temblaba ante la idea de no tener escapatoria.
    
    Llegué a su casa un viernes por la tarde. El sol ya se estaba poniendo, y el aire olía a hierba recién cortada. Dejé mi maleta en la entrada; no iba a necesitar nada de lo que llevaba. Laura me esperaba en el salón, sentada en un sillón de cuero negro, con una copa de vino tinto en la mano. Llevaba una blusa blanca ajustada y una falda lápiz que marcaba sus curvas. Su postura era relajada, pero su mirada era de acero. Miguel estaba en la cocina, y aunque no lo veía, sentía su presencia, como un peso invisible en el aire. “Desnúdate”, dijo Laura, sin mirarme directamente, como si yo fuera una tarea más en su lista. Me quité el vestido azul que llevaba, dejándolo caer al suelo. Luego las braguitas blancas, el sujetador a juego. El aire fresco del salón rozó mi piel, y mis pezones se endurecieron al instante, traicionando mi nerviosismo. Me arrodillé, como siempre hago al empezar, con las manos apoyadas en el suelo y la cabeza baja. Laura se acercó, sus tacones resonando en el parqué. Sacó el collar de una caja de madera que siempre tenía a mano. Era de cuero negro, gastado por el uso, con una placa metálica que decía “Perra” en letras grabadas. Lo abrochó alrededor de mi cuello, y el clic del cierre resonó en mi cabeza como una sentencia. Sentí el cuero apretando ligeramente, un recordatorio constante de mi lugar. Luego, me puso ...
    ... rodilleras y muñequeras acolchadas. “No queremos que nuestra perra se haga daño”, dijo, con un tono burlón que me hizo sonrojar. Sus dedos rozaron mi nuca mientras ajustaba las correas, y ese simple contacto me hizo estremecer.
    
    Me llevaron al garaje, un espacio amplio y frío con paredes de cemento y un suelo que olía a polvo y aceite. Allí estaba la jaula, grande, de las que se usan para perros de verdad, pero adaptada para mí. Los barrotes eran fríos al tacto, y dentro había una manta fina, apenas suficiente para cubrir el suelo de metal. Había un cuenco de agua y otro vacío, ambos de acero, relucientes bajo la luz tenue del garaje. “Esta es tu casa ahora, perra”, dijo Miguel, su voz grave y sin emoción. Cerró la puerta de la jaula con un candado, y el sonido del metal contra el metal me hizo estremecer. Me quedé allí, desnuda, con el collar apretando mi cuello, sintiendo el frío del suelo bajo mis rodillas. Mis pechos, pesados, rozaban la manta, y el aire frío del garaje hacía que mi piel se erizara. Por un momento, pensé en lo absurdo de la situación: una mujer de 54 años, desnuda, encerrada en una jaula como un animal. Pero la voz de Laura en mi cabeza me calló: “Eres una perra, Elena. Esto es lo que eres”. No había escapatoria, no había vuelta atrás. Había aceptado esto, y ahora tenía que vivirlo.
    
    Esa primera noche fue extraña, un torbellino de emociones que no podía ordenar. Me dejaron sola en el garaje, con la luz apagada. El silencio era pesado, roto solo por el ...
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