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Debo embarazar a mamá 13
Fecha: 03/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... repente, sacándome de mi ensimismamiento. Levanté la vista. Ella me miraba seria, el mentón apoyado en la palma de la mano, los ojos clavados en los míos. Traté de esbozar una sonrisa, pero me salió forzada. —Nada... boludeces —dije. Ella frunció un poco el ceño, como si no me creyera. Pero no insistió. Se estiró para agarrar la pava y en el movimiento la remera se le subió, dejando ver la tanga asomando apenas por encima del pantalón. Me sorprendió ver ese detalle, porque mamá no era así de descuidada. Era sexi a su manera, sí. Pero no era vulgar ni obvia. Igual, ver su ropa interior terminó de hacer que la verga se me pusiera dura. Apreté los puños bajo la mesa. Tenía que concentrarme. Tenía que dejar de mirarla así. —¿Querés comer algo? —preguntó, volviendo a sentarse—. Hay medialunas de ayer. Están medio secas, pero si las calentás un poco en el microondas zafan. Si no, a esperar un poco a que cocine algo. —Dale, las medialunas están bien —murmuré. Me levanté, tratando de no mirarla, tratando de que no se me notara la erección, tratando de no pensar en nada. Metí las medialunas en el microondas, programé un minuto, y me quedé mirando girar la bandeja como un bobo, escuchando el zumbido del aparato llenando la cocina. Cuando me di vuelta, ella seguía mirándome. —¿Seguro que estás bien? —insistió—. Se supone que no tenés nada. Pero no puedo evitar verte diferente. Aunque quizás no es una cuestión de salud… ¿Mal de amores? —preguntó ...
... después. “Mal de amores”. La puta madre, justo tenía que decir eso. Y es que ni siquiera era un mal de amor. No era una mujer que no me correspondía. Era algo mucho más intenso. Algo imposible de describir. —No, ma, nada que ver —respondí. No me mires así, Vero, quise decirle. No me hables así. No seas tan dulce. No me la hagas más difícil. Sonó el "piiii" del microondas. Saqué las medialunas, las tiré en dos platos, y volví a la mesa. Comimos en silencio. Ella masticaba despacio, mirándome de reojo. Yo le daba mordiscos mecánicos. Todo estaba cargado de una electricidad muda. Hasta el roce de nuestras manos cuando alcanzamos el azúcar al mismo tiempo me hizo temblar. Cuando terminamos, ella se levantó para lavar las tazas. Yo la miré de espaldas, y me pareció verla distinta, pero a la vez igual que a esa jovencita con la que había tenido una aventura. Verla hacer esa tarea tan cotidiana me hizo sentir mucha ternura. Y entonces no pude más. Me levanté despacio, me acerqué a ella mientras enjuagaba las tazas en la pileta. Sin decir nada, la abracé por detrás, rodeándola con mis brazos. Cuando pensé en mi erección ya era demasiado tarde. Estaba apoyándole la pelvis justo en el trasero. Ella se tensó un instante, pero después sonrió, y dejó caer las manos dentro del agua jabonosa. ¿No se había dado cuenta de lo caliente que estaba? ¿O será que no le importó? Fuera como fuese, ahí estaba yo, invadiendo el espacio de mamá, con la excusa de necesitar un ...