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Debo embarazar a mamá 13
Fecha: 03/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... el celular en la mano, mirando sin ver la pantalla iluminada en medio de la oscuridad. No podía dormir. La cabeza me hervía con tantos pensamientos que daban vueltas sin parar, como moscas encerradas en una habitación sin salida. Era raro tener acceso a ese aparato con tanta tecnología. En contraste con lo que había en 1998, se sentía como un aparato mágico. Sin embargo, en ese momento no lograba distraerme. De repente, vibró. Era un mensaje de WhatsApp, de Cecilia. Apenas lo vi me puse en alerta. No habíamos tenido mucho tiempo a solas desde que volví. Y yo, entre tantas cosas en la cabeza, no había terminado de asimilar la verdadera relación que teníamos. “¿Estás despierto?”, decía. Sonreí de lado, como si ella pudiera verme. Le contesté: “No”. Tardó apenas unos segundos en responder. “Entonces voy a verte”. Fruncí el ceño, entre divertido y confundido. Me incorporé un poco en la cama, dejando el celular en la mesita de luz. No pasaron ni cinco minutos cuando escuché unos pasos livianos en el patio. La puerta lateral que conectaba las dos casas crujió apenas. Luego, unos golpecitos suaves en la puerta de mi cuarto. Me levanté y abrí despacio, para no molestar a mamá. Ahí estaba Cecilia, con un shortcito de tela fina y una remera suelta, de esas que no dejan mucho a la imaginación cuando se las mira a contraluz. El cabello rubio y desordenado, la cara sin una gota de maquillaje, los ojitos brillando bajo la poca luz que la alumbraba desde mi ...
... dormitorio. No me dio tiempo a decir nada. Se abalanzó sobre mí en un abrazo apretado, tibio, desesperado. Sentí su cuerpo pegarse al mío, su respiración agitada contra mi cuello. Cerré la puerta como pude, sin soltarla, y me dejé llevar. Cuando se separó apenas, lo justo para mirarme a los ojos, sus labios buscaron los míos. Me besó. Un beso tierno, húmedo, cargado de algo más profundo que el deseo. Era angustia, era necesidad. Respondí al beso con la misma intensidad, acariciándole la espalda por debajo de la remera, sintiendo su piel caliente, vibrante. Cada tanto bajaban hacia sus nalgas y las apretaban. Era muy parecida a su madre cuando era joven, pero a la vez se notaba la diferencia. La personalidad de Cecilia era más parecida a la de mamá. Sin embargo ahora me sorprendía con esa visita nocturna. Cecilia gimió bajito contra mi boca, como un susurro. No había palabras, no había explicaciones. Solo estaba ella, y estaba yo, y todo lo demás había quedado afuera. Nos quedamos unos segundos así, besándonos suave, apenas apoyados contra la puerta cerrada, respirando el uno en el otro. La sentía temblar levemente, como si hubiese estado aguantando muchas cosas adentro suyo y recién ahora pudiera soltarlas. Separé un poco mi boca de la suya, la miré a los ojos en la semipenumbra, y le susurré: —¿Qué te pasa? Ella bajó la mirada un instante, respiró hondo como para juntar fuerzas, y después me sostuvo la mirada otra vez. Sus ojitos brillaban de una forma ...