1. Intercambio entre hermanas - completo (cap. 03)


    Fecha: 04/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Abel Santos, Fuente: TodoRelatos

    Cap. 3 – PRIMERA NOCHE CON ANA
    
    FRAN
    
    Llevaba esperando a Ana un buen rato en el salón principal. Miraba el móvil con la televisión de fondo mientras aguardaba nervioso. Marta, a mi lado, aducía un dolor de cabeza extrafuerte, lo que la había llevado a disculparse con sus compañeros y había preferido quedarse sola en casa a tener que salir con ellos sin ganas.
    
    De improviso, Ana entró en el salón y tanto Marta como yo nos miramos alucinados. La imagen de mi cuñada era realmente provinciana, parecía que en ese tema no se equivocaba mi mujer: su hermana era una ingenua de libro.
    
    Mi cuñada llevaba el pelo recogido en una coleta infantil y vestía vaqueros y jersey de punto sobre una blusa que sobresalía por el orificio del cuello. De su brazo colgaba un ligero abrigo con aspecto de gabardina gastada por el uso y en los pies lucía deportivas. Recién estrenadas, había que reconocerlo, pero bastante inapropiadas para salir de noche.
    
    —Pero, Ana… —espetó mi mujer intentando sujetarse la risa—. ¿Vas a salir así vestida a quemar la noche madrileña?
    
    —¿Tan… tan mal voy…? —tartamudeó mi cuñada.
    
    Me mordí el labio igualmente para no reír.
    
    —Pues yo no la veo tan mal… —dije, aunque solo para disculparla.
    
    La verdad era que no solo estaba mal, sino que al lado de mi traje y corbata nos hacía parecer el señor y la chacha.
    
    —Mira, cariño —dijo Marta levantándose del sillón—. Necesitas algo más… provocativo… Más «nocturno»… Tienes que ir por la ciudad diciendo a ...
    ... los tíos con la mirada: «Aquí estoy yo… ¿algún problema?»
    
    Ana parpadeó avergonzada.
    
    —Es que… —se disculpó con la mirada baja—. Es que aún no he tenido tiempo para comprar todo lo que necesito…
    
    —No te preocupes… —dijo Marta, desprendida—. Vamos a tu cuarto y buscamos algo… Y, si no, ya te presto un par de bobadas de las mías y verás que guapa vas a estar.
    
    Ana salió del salón abochornada. Marta se fue tras ella y, al pasar a mi lado, me susurró al oído: «ves cómo es una niña provinciana. Muy pibón y todo eso, pero hay que ser muy tonto para no conseguir tirarse a semejante polluelo inocente. A ver si te luces, cielito…».
    
    Agradecí con un apretón en el brazo el detalle de mi mujer al ofrecerle ropa a su hermana. La verdad es que ir con una niña inocente al restaurante de Pablo Muñoz se me hacía cuesta arriba. Luego las observé retirarse hacia sus habitaciones.
    
    *
    
    Una hora más tarde nos hallábamos sentados a la mesa de un restaurante en el que daba miedo entrar por su apariencia «super chic». Los camareros, apresurados, evolucionaban por la sala intentando complacer las exigencias de los comensales, a los que se les veía super pijos y se les adivinaba con una cartera cargada de billetes en los bolsillos de sus chaquetas de marca. No pude menos que alegrarme de que la cena estuviera subvencionada por mi mujer.
    
    Al observar el entorno confirmé que la vestimenta con la que había intentado salir Ana al comienzo de la noche habría quedado ridícula en aquel ...
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