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Intercambio entre hermanas - completo (cap. 03)
Fecha: 04/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Abel Santos, Fuente: TodoRelatos
... restaurante. Sin embargo, el atuendo actual de mi cuñada encajaba perfectamente en el entorno y, más aún, la convertía en la reina del lugar. Todos los comensales del restaurante la miraron al pasar hacia nuestra mesa, brillando sus pupilas de deseo hacia ella y de envidia hacia mí. Unos minutos antes, cuando había entrado en el salón de casa con «unos trapitos» que le había prestado Marta, la boca se me abrió atolondrada. Pero esta vez alucinando por su cambio en poco más de quince minutos. Mi cuñada, ahora, portaba un vestido de noche de falda de vuelo un palmo por encima de la rodilla, cubriendo unas medias negras transparentes que resaltaban el torneado de sus largas piernas. El amplio escote mostraba, más que tapaba, dos espléndidos pechos que aparentaban asirse al vestido sin ayuda de sujetador alguno. Como complementos, unos zapatos a juego con el bolso y el abrigo, una prenda de tejido desconocido para mí, pero de un color lila tremendamente sensual. Su melena dorada, además, había sido liberada de la coleta y peinada con unas atractivas ondulaciones que le caían sobre los hombros y que embellecían su ya hermoso rostro, ensalzado con unos sutiles toques de maquillaje. Cuando nos hubimos sentado en la mesa reservada por Marta y pedido las bebidas, Ana me miró y sonrió ruborizada. —¿De verdad crees que estoy guapa? —susurró acercando su cabeza hacia la mía—. ¿No lo habrás dicho por quedar bien…? No podía creer lo que oía. Debía de ser cierto lo ...
... que había afirmado Marta acerca de la inocencia de mi cuñada. Si no, no lo entendía. —¿Guapa, solo…? —pregunté retórico—. Te aseguro, cuñada, que esta noche eres la mujer más bella de todo Madrid. Mis palabras eran más que sinceras. Y yo me sentía en la gloria. Acompañaba a la mujer más bella del restaurante y no me sentía atemorizado por ello, sino engreído y fanfarrón. Tal vez debía de aplicárseme a mí lo que había mencionado Marta en casa. Porque sentía ganas de decirle a todo el mundo a mi alrededor: «Sí, aquí estoy con este bellezón y vosotros no… ¿algún problema?». * Ya nos habían servido el primer plato y habíamos brindado con las copas cargadas de un vino rojo como la sangre, cuando pareció que nuestra conversación empezaba a fluir de una forma menos forzada. —Bueno, Fran… —dijo ella con la copa de vino en la mano—. Háblame de tu trabajo. ¿Qué es lo que haces en realidad? Me lo han comentado varias veces, pero te confieso que nunca lo he llegado a entender. A lo más que llego es a que trabajas en una clínica de niños. —De niños, no… —la corregí sonriente—. Aunque es una forma de verlo, no te digo yo que no… En realidad se trata de una clínica de fertilidad… Es ese tipo de sitios donde van las mujeres que no tienen facilidad para quedar embarazadas de forma natural. —Ah, ya entiendo… —asintió—. Aunque… no sé… tú no eres médico ni nada de eso, ¿no? —No, no, qué más quisiera… —le confirmé—. Soy técnico de laboratorio… Bueno, no quiero ser pedante, ...