1. Intercambio entre hermanas - completo (cap. 03)


    Fecha: 04/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Abel Santos, Fuente: TodoRelatos

    ... protestó.
    
    La mesa era genial, circular y rodeada por un sillón alto en forma de arco, de esos tan cómodos en los que, si sabes situarte, puedes tener cierta intimidad con tu chica sin que te vean desde el exterior. Además, nos encantó que estuviera muy separada de la pista de baile, lo que nos permitía hablar sin tener que gritarnos.
    
    Al poco de sentarnos, Ana se empeñó en que bailáramos. Me resistí como pude, pero al final claudiqué. Bailamos separados al principio, moviéndonos al ritmo de una música paranoide y que empujaba a que los más lanzados de la pista se movieran como marionetas con las cuerdas rotas.
    
    Luego llegó la música lenta y un guaperas un tanto tocado por el alcohol —y quizá por algo más— intentó llevársela agarrada por la cintura. Ana se revolvió y yo se la quité de las manos ayudado por mi habilidad en la gestión de conflictos.
    
    Bailamos durante buen rato temas que hacía tiempo que no oía en salas como aquella, a las que frecuentaba cada vez menos. Era la música de mis tiempos y me encantaba sentirla junto a mi cuñada. Ana, por su parte, se pegaba tanto a mí que notaba su vientre y sus muslos contra los míos. No hubiera pasado nada especial si no fuera porque el calor de su entrepierna había levantado mi erección. Me disculpé por ello, pero mi cuñada se hizo la despistada y no se despegó de mí un ápice.
    
    La música esquizofrénica, sin embargo, no tardó en volver y decidimos huir de ella.
    
    Cuando estuvimos de vuelta en la mesa, miré el reloj de ...
    ... la muñeca y comprobé que faltaba poco para las dos de la madrugada. Si todo iba bien, en menos de una hora podríamos abandonar el local y marcharnos a casa a dormir, que falta me hacía tras las guardias extras de los últimos tiempos.
    
    En silencio apreciaba el ambiente de la sala, llena a rebosar, cuando oí el beep-beep de mi móvil. Afortunadamente, la música llegaba a nuestra mesa amortiguada y era fácil escuchar los pitidos del teléfono.
    
    El mensaje provenía de Marta. Habíamos intercambiado notas de wasap durante la cena. En ellas le contaba cómo iba todo con su hermana y le había puesto al corriente de que ahora estábamos en la discoteca. Me disponía a leerlo, cuando Ana se excusó y se alejó para ir al baño. Por el camino iba leyendo el móvil igualmente, como si acabara de recibir algún mensaje a su vez.
    
    MARTA: Está Ana cerca?
    
    FRAN: No, acaba de irse al lavabo.
    
    MARTA: Es que he tenido una idea.
    
    FRAN: Miedo me das, pero dime.
    
    MARTA: Jajaja… Verás, mi idea es que para ir calentando a Ana, podrías contarle lo de cuando la pillaste en su habitación haciendo… ya sabes… aquello…
    
    Lo pensé un segundo y de pronto recordé a lo que se refería Marta. Era una experiencia vergonzosa que había tenido largo tiempo atrás. Marta volvía a mostrar que no estaba en sus cabales. Lo último que haría en mi vida sería hablar con mi cuñada de aquella anécdota bochornosa y a la vez cargada de morbo. Porque, justamente, Ana había sido la protagonista de la historia. ¡Jamás, por el ...
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